Lo que partió como una explicación comunicacional para justificar el alza de las bencinas terminó convertido en un autogol político. La frase “Estado en quiebra” no solo encendió críticas desde la oposición, sino que también abrió una grieta interna en el propio Gobierno. Y ahora, con los días pasando, ya hay un nombre sobre la mesa.
Se trata de Cristián Valenzuela, asesor del denominado “Segundo Piso” de La Moneda y uno de los hombres más influyentes en la estrategia comunicacional del Ejecutivo. Fue él mismo quien reconoció haber sido el ideólogo del concepto que desató la polémica, admitiendo que se trató de un error en medio de una crisis que ya venía escalando por el precio de los combustibles.
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El problema no fue solo semántico. La frase fue difundida en redes oficiales del Gobierno para explicar por qué no se activaron mecanismos como el MEPCO, apuntando a una supuesta “quiebra” heredada del Estado. El mensaje generó alarma inmediata, tanto por su impacto en la percepción económica del país como por el riesgo de afectar la confianza internacional.
Apuntan a asesor clave de La Moneda
El primer cortafuegos vino desde el propio gabinete. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, salió a desmarcarse públicamente, asegurando que jamás utilizaría ese concepto y que la situación fiscal, si bien es compleja, no corresponde a una quiebra. La señal fue clara: dentro del Gobierno no todos estaban dispuestos a sostener el relato que se había instalado.
Pero el caso no termina ahí. La controversia llegó hasta la Contraloría, que pidió antecedentes por el uso de plataformas oficiales para difundir un mensaje considerado impreciso y potencialmente dañino. Mientras tanto, el Ejecutivo optó por eliminar la publicación y bajar el perfil, aunque el costo político ya estaba instalado.
El episodio deja una conclusión incómoda: en un escenario económico tensionado, no solo importan las decisiones, también cómo se comunican. Porque cuando el mensaje exagera la realidad, el efecto puede ser el contrario al esperado. Y esta vez, más que explicar una crisis, el Gobierno terminó profundizando otra: la de su propia credibilidad.















