Las imágenes idílicas del verano —sombrillas, arena y esas frutillas con chocolate que todos asociamos con tardes perfectas en la costa— están siendo reemplazadas por una realidad alarmante: lo que se vende en varias playas del litoral central no solo podría ser ilegal, sino también potencialmente peligroso para tu salud. Esto no es una exageración veraniega, es lo que revelan fiscalizaciones sanitarias y policiales en pleno auge del comercio ambulante veraniego.
Frutillas con chocolate en playas chilenas
En operativos realizados principalmente en El Tabo, Carabineros junto a fiscalizadores municipales decomisaron más de media tonelada de alimentos y bebidas sin autorización sanitaria ni permisos municipales, entre ellos frutillas bañadas en lo que se vende como “chocolate”. La sorpresa fue mayúscula: según los inspectores, gran parte de esas coberturas no se comporta como chocolate real bajo el sol veraniego, sino como una sustancia resistente que podría ser cera industrial, diseñada para no derretirse y aguantar altas temperaturas sin deshacerse.
También te puede interesar
Las frutillas con chocolate, antiguamente un símbolo de tentación veraniega, hoy podrían encerrar un riesgo sanitario oculto. El modus operandi de estos vendedores ambulantes —muchos trasladándose desde Santiago y establecidos en la arena por semanas— no contempla ninguna cadena de frío ni certificación sanitaria. Ello abre la puerta no solo a ingredientes dudosos, sino también a problemas de higiene básicos: frutas expuestas al polvo, calor y manos sin control sanitario pueden convertirse en foco de intoxicaciones alimentarias o enfermedades estomacales.
Los fiscalizadores no se quedaron solo en la anécdota: su argumento se apoya en el comportamiento físico de la supuesta cobertura de chocolate. “Esto no es chocolate, puede ser cera porque se pone dura y no se derrite con el calor, mientras que un chocolate común sí lo haría, y aquí, bajo el sol de la playa, no pasa nada”, señaló uno de ellos en entrevista con medios nacionales.
Lo que para muchos puede haber sido una indulgencia inocente —comprar una frutilla con chocolate caminando por la arena— ahora toma un matiz de alerta pública. Las autoridades han reiterado el llamado a evitar consumir estos productos sin etiquetado, permiso sanitario o cadena de frío confiable, advirtiendo que no todo lo que parece chocolate lo es, y que comprar en la playa puede significar ingerir productos con ingredientes industriales no aptos para el consumo humano.
Este episodio también expone un debate mayor: la proliferación de comercio informal sin regulación en espacios públicos que deberían cumplir normas mínimas de inocuidad alimentaria. En un verano donde la costa se llena de visitantes y familias, estas “frutillas venenosas” —o cera disfrazada de chocolate— son la cara más amarga del turismo veraniego chileno.














