La tragedia industrial que sacudió la mañana de este jueves a Renca sigue sumando capítulos que estremecen más allá de las cifras oficiales. Porque mientras autoridades levantan balances de fallecidos y heridos, en la calle —donde el fuego arrasó sin filtro— emergen relatos crudos. Uno de ellos, grabado por un vecino que salió a auxiliar tras la explosión, desnuda la dimensión humana del desastre.
El hombre, que se encontraba en las inmediaciones al momento del estallido, relató que tras la primera onda expansiva corrió hacia la autopista y zonas aledañas para ayudar. Lo que encontró, dice, fue una escena imposible de olvidar: personas con quemaduras severas, desorientadas y muchas de ellas sin ropa producto de la violencia del fuego. “Las tapamos porque venían desnudas”, explicó, detallando que improvisaron mantas y telas para cubrir a las víctimas mientras esperaban ambulancias. El gesto, mínimo frente al horror, refleja el nivel de devastación que dejó la detonación.
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“Las tapamos porque venían desnudas”
La explosión —originada tras el volcamiento de un camión que transportaba gas— generó una bola de fuego visible desde distintos puntos de la capital y desató incendios en cadena que alcanzaron vehículos, estructuras industriales y zonas de tránsito masivo. Testigos describen que la nube inicial fue seguida por llamas que avanzaron con rapidez, atrapando a conductores y trabajadores en plena ruta.
Pero el relato del vecino agrega un nivel de crudeza que no aparece en los partes técnicos. Según su testimonio, varias víctimas presentaban quemaduras totales, algunas con la piel desprendida por efecto del calor extremo. Otros, en estado de shock, caminaban sin rumbo entre restos calcinados. “Había gente tirada, quemada entera”, describió, en una escena que —más que accidente— parecía zona de conflicto.
Mientras Bomberos, SAMU y equipos de emergencia continúan trabajando en el perímetro, el foco comienza a desplazarse desde la contención hacia las responsabilidades. Porque cuando civiles deben cubrir con mantas a personas abrasadas en plena autopista, la pregunta es inevitable: ¿falló la seguridad, la fiscalización o ambos? En Renca, el fuego ya se apagó en parte… pero la indignación recién comienza.











