El caso de Nicolás Zepeda sigue sumando capítulos, pero esta vez el giro no vino desde el tribunal, sino desde una figura inesperada. La exdiputada Maite Orsini sorprendió al revelar que conoció al acusado del crimen de Narumi Kurosaki mucho antes de que su nombre se transformara en un caso internacional.
La confesión no fue menor. En plena cobertura del juicio en Francia, Orsini dejó caer una frase que rápidamente encendió la conversación: “vivíamos en el mismo departamento”. Una declaración que luego matizó, aclarando que en realidad eran vecinos en el mismo edificio hace más de diez años. No había amistad, no había cercanía, pero sí conocimiento directo de quién era Nicolás Zepeda.
También te puede interesar
Maite Orsini revela vínculo desconocido con Nicolás Zepeda
Pero lo que realmente incomoda no es el dato anecdótico, sino lo que vino después. Orsini relató episodios de convivencia que dibujan un carácter complejo: conflictos con sus hermanos menores cuando jugaban en el estacionamiento y reacciones que calificó como agresivas. No es una acusación judicial, pero sí una señal que, en el contexto actual, adquiere otro peso.
La aparición de Orsini en el juicio tampoco es casual. Ella misma explicó que su presencia responde a un interés académico, ya que está profundizando estudios en justicia penal y quiso observar de cerca el funcionamiento del sistema francés. Pero en un caso tan mediático, cualquier vínculo —por mínimo que sea— deja de ser irrelevante.
El punto de fondo es otro. Porque el caso Zepeda ya no solo se construye con pruebas judiciales, sino también con relatos paralelos que van configurando una imagen pública. Y ahí está el riesgo: cuando testimonios del pasado empiezan a aparecer, la frontera entre contexto y prejuicio se vuelve difusa.
A días de un posible veredicto, la historia sigue creciendo por fuera del tribunal. Y eso, más que aclarar, vuelve a tensionar un caso que lleva casi una década sin cerrar completamente. Porque en esta trama, cada nuevo testimonio no solo suma información: también agrega ruido. Y en medio de ese ruido, la verdad sigue en disputa.















