La escena fue tan elocuente como incómoda. Los padres de Nicolás Zepeda llegaron al tribunal en Francia en medio de la recta final del juicio, pero no hubo declaraciones, ni gestos, ni intentos de explicar lo que por años ha sido inexplicable. Solo silencio. Y en un caso como este, el silencio también habla.
Humberto Zepeda y su esposa, Ana Luz Contreras arribaron al recinto judicial marcando distancia con la prensa. Consultados por los periodistas sobre el proceso que enfrenta su hijo, evitaron responder. No hubo defensa pública ni mensajes emotivos. La estrategia fue clara: no exponerse en un momento donde cada palabra puede convertirse en titular o en presión adicional sobre un juicio que entra en su fase decisiva.
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Padres de Nicolás Zepeda enfrentan al tribunal
El contexto es crítico. Esta semana se espera el cierre del proceso y un eventual veredicto, en un caso que ha remecido a tres países desde la desaparición de Narumi Kurosaki en 2016. Nicolás Zepeda ya fue condenado anteriormente a 28 años de cárcel, pero hoy enfrenta un nuevo juicio que podría ratificar o revertir esa sentencia.
Pero lo que ocurre fuera de la sala también importa. La presencia de sus padres no es simbólica: es parte de una defensa que, desde el inicio, ha insistido en su inocencia y en supuestas irregularidades del proceso. Aun así, en esta etapa final, el cambio de tono es evidente. Menos exposición, menos declaraciones, más contención. Como si el caso hubiese entrado en un punto donde ya no hay espacio para discursos, solo para esperar.
Y ahí está el fondo del asunto. Porque mientras la familia opta por el silencio, el caso sigue cargado de ruido: teorías, versiones cruzadas y una ausencia que nunca ha sido resuelta. En ese escenario, la imagen de los padres caminando sin responder no es solo una decisión comunicacional. Es el reflejo de un proceso que, a casi una década, sigue sin cerrar completamente. Y que ahora, otra vez, se juega todo en un tribunal.














