El tercer juicio contra Nicolás Zepeda sumó un elemento que vuelve a tensionar un caso ya cargado de contradicciones: la voz de quien asegura haber sido la última persona en ver a Narumi Kurosaki. Y su relato no solo incomoda, sino que golpea directo una de las bases del discurso del acusado.
Según el testimonio, la escena que observó está lejos de la versión que Zepeda ha intentado instalar ante el tribunal. Nada de cercanía, nada de reencuentro amoroso. Lo que vio fue otra cosa: una interacción fría, distante, sin señales de afecto. “No parecían pareja”, es la frase que resume un relato que, en pocas palabras, desmonta la idea de una reconciliación entre ambos.
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Testigo clave desarma versión de Nicolás Zepeda
El contraste no es menor. Durante el juicio, Zepeda ha insistido en que ambos retomaron una dinámica íntima, compartiendo tiempo juntos como una pareja que se reencuentra. Sin embargo, este testimonio se suma a otros que ya venían erosionando esa narrativa, incluyendo relatos de vecinos que hablan de gritos y episodios de alta tensión la noche de la desaparición.
En ese cruce de versiones es donde el caso vuelve a trabarse. Porque no se trata solo de detalles: se trata de la naturaleza misma del vínculo entre víctima y acusado en las horas previas a su desaparición. Y ahí, cada testimonio pesa. Más aún cuando el proceso llega con un historial complejo: dos condenas previas anuladas y una acumulación de evidencias —digitales, testimoniales y circunstanciales— que siguen apuntando en una misma dirección.
Lo que deja este nuevo relato no es una respuesta, sino una grieta más. Porque mientras Zepeda insiste en una historia que habla de cercanía, los testigos comienzan a dibujar otra, mucho más incómoda: la de una relación quebrada, tensa, posiblemente irreversible. Y en ese choque, la pregunta ya no es solo qué pasó con Narumi… sino cuál de todas estas versiones resiste la verdad.












