La línea entre el humor y la falta de criterio volvió a romperse. Esta vez, con Coté López en el centro de la polémica tras publicar —y borrar rápidamente— un video donde lanzó un comentario sobre un trabajador que atravesaba un momento personal delicado. Lo que pretendía ser una broma terminó convirtiéndose en un incendio digital difícil de apagar.
El registro fue subido a sus historias de Instagram en medio de una actividad con su equipo ligado a su casino online. En ese contexto, la empresaria lanzó una frase que cayó como golpe: aludiendo a un colaborador que había perdido a su madre recientemente, ironizó sobre la cantidad de funerales en su entorno. La incomodidad fue inmediata, incluso en el propio video, donde las reacciones del entorno no acompañaron el tono.
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Coté López borra video tras polémico comentario
Lejos de corregir el rumbo, intentó justificarlo en el mismo registro: “ustedes saben que soy de humor negro”, dijo, en una defensa que no convenció a nadie. El problema no fue solo la frase, sino el contexto: un trabajador en duelo, una situación reciente y un comentario que, más que humor, fue percibido como liviandad frente al dolor ajeno.
El video fue eliminado, pero ya era tarde. Capturas comenzaron a circular y las redes hicieron lo suyo. Las críticas fueron duras, directas y sin filtro: desde quienes la calificaron de “desubicada” hasta quienes cuestionaron abiertamente su necesidad de llamar la atención a cualquier costo. La viralización no solo amplificó el episodio, sino que instaló una discusión incómoda sobre los límites del contenido en redes.
Porque aquí no se trata solo de una influencer que se equivoca. Se trata de una lógica más amplia: la exposición constante, la necesidad de generar contenido y la delgada línea entre cercanía y exceso. Coté López borró el video, sí. Pero el problema ya estaba instalado. Y como suele ocurrir en estos casos, lo que desaparece de una historia… se multiplica en la memoria digital.















