La investigación por el secuestro y homicidio de Martín Pérez Burgos sigue revelando antecedentes estremecedores. Esta vez, el contenido de conversaciones de WhatsApp entre los integrantes de la organización criminal dejó al descubierto no solo la coordinación del rapto, sino también la crudeza con que algunos de los involucrados hablaban de la víctima y del dinero que esperaban conseguir con su liberación.
Los registros, encontrados en el teléfono de Junior Meza, uno de los imputados, muestran que la banda exigía 50 millones de pesos a la familia del joven. En paralelo, los secuestradores presionaban a sus cercanos mediante mensajes, amenazas y videos en los que Martín aparecía siendo agredido e intimidado con un arma de fuego. La desesperación de la familia era utilizada como herramienta para acelerar las transferencias.
Uno de los intercambios más duros ocurrió cerca de las dos de la madrugada. Mientras un familiar explicaba que tenía dinero en efectivo y necesitaba tiempo para realizar los movimientos bancarios, uno de los extorsionadores respondió: “Los necesito rápido, no quiero efectivo. Transferencia”. Ante la petición de esperar, el sujeto contestó: “Si yo puedo esperar, pero mis panas no”.
“Dañaron toda la pega”
La amenaza escaló todavía más cuando el secuestrador advirtió: “Paguen porque se lo van a joder y si no pagan rápido va a aparecer tirado por ahí”. En otro mensaje, además, buscó impedir que la familia recurriera a las autoridades: “Y mosca con llamar al gobierno porque se complica la jugada”. Los mensajes retratan el nivel de presión al que fueron sometidos los cercanos de Martín mientras intentaban conseguir el dinero exigido.
Pero los chats también permiten observar cómo se movían los integrantes de la banda. En una de las conversaciones, uno de ellos escribió: “Cuando el loco este afuera te aviso”, mientras coordinaban la llegada de la víctima. Más tarde, Junior Meza manifestó que llevaba horas esperando noticias y que no había recibido la llamada que supuestamente confirmaría que Martín estaba dentro del vehículo. La respuesta llegó después: “Ya llegaron con el marrano, está hecho”.
Según la declaración entregada por el padre de Martín ante la policía, la familia alcanzó a entregar cuatro millones de pesos, una fracción de los 50 millones que exigían los secuestradores. Esa diferencia también generó conversaciones entre los involucrados, que intentaban establecer cuánto dinero se había conseguido y qué había ocurrido con la operación.
Los brutales chats de los secuestradores
Sin embargo, el intercambio más indignante aparece cuando los integrantes de la banda comentan el desenlace fatal. Al conocer que solo habían logrado recuperar una parte del dinero, Junior Meza reaccionó diciendo: “Verg… mano, o sea, el trabajo fue por nada”. Otro participante respondió con una frase que expone la brutalidad de la conversación: “Weon, a ese loco no lo tenían que matar”. Luego apareció el comentario que da nombre a esta historia: “Dañaron toda la pega”.
La frialdad de esos mensajes resulta especialmente estremecedora si se considera que la Fiscalía estableció que Martín fue asesinado pocas horas después de concretarse el secuestro, mientras las exigencias económicas continuaron cuando el joven ya estaba muerto. El fiscal Pablo Sabaj sostuvo que las negociaciones por el rescate se realizaron con la víctima fallecida y afirmó: “Tuvieron el descaro de negociar”.
El caso sigue bajo investigación y los mensajes forman parte de los antecedentes que permiten reconstruir el funcionamiento de la organización y la participación que habría tenido cada imputado. Más allá de las palabras utilizadas en esos chats, el contenido deja una imagen brutal: para los involucrados, la vida de un joven terminó convertida en una operación criminal cuyo fracaso parecía importarles más que el asesinato mismo.





