El invierno no solo trae bajas temperaturas y lluvias. También crea el escenario perfecto para que hongos y ácaros se multipliquen al interior de las viviendas, muchas veces impulsados por costumbres que parecen inofensivas.
Mantener las ventanas cerradas durante todo el día, secar ropa dentro de la casa o abusar de los sistemas de calefacción sin una ventilación adecuada son prácticas que elevan la humedad ambiental y convierten los hogares en un espacio ideal para estos microorganismos.
Especialistas en salud ambiental advierten que la combinación de frío y falta de circulación de aire favorece la aparición de moho en muros, techos y rincones poco ventilados. A esto se suma la proliferación de ácaros en colchones, alfombras, cortinas y ropa de cama, elementos que acumulan humedad y polvo.
Hongos y ácaros invaden los hogares
«La ventilación diaria es fundamental para disminuir la concentración de humedad y mejorar la calidad del aire interior», explican los expertos, quienes recomiendan abrir puertas y ventanas al menos unos minutos cada día, incluso cuando las temperaturas son bajas.
Las consecuencias pueden ir mucho más allá de una simple mancha de humedad en la pared. La presencia de hongos y ácaros está asociada al aumento de alergias, rinitis, crisis asmáticas, irritación ocular y problemas respiratorios, especialmente en niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. En muchos casos, los síntomas persisten porque el origen del problema permanece oculto dentro del propio hogar.
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan reducir las fuentes de humedad, evitar secar ropa en espacios cerrados cuando sea posible, limpiar periódicamente superficies donde aparece moho, mantener una temperatura equilibrada y ventilar diariamente la vivienda.
Pequeños cambios en la rutina pueden marcar una diferencia importante para proteger la salud de quienes viven en casa y evitar que el invierno termine convirtiéndose en un aliado silencioso de hongos y ácaros.





