Durante años, el infarto ha sido asociado casi exclusivamente al clásico dolor intenso en el pecho. Sin embargo, esa imagen dista mucho de la realidad que viven miles de mujeres. Especialistas alertan que los ataques cardíacos femeninos suelen manifestarse con síntomas menos evidentes, lo que provoca que muchas pacientes lleguen tarde a un servicio de urgencia al atribuir las molestias al estrés, el cansancio o problemas digestivos.
Uno de los principales desafíos es que las señales pueden aparecer de manera progresiva y no siempre incluyen el dolor torácico intenso que caracteriza muchos casos en hombres. Fatiga extrema sin explicación, dificultad para respirar, náuseas, sudor frío, mareos, dolor en la mandíbula, cuello, espalda o incluso en uno de los brazos pueden ser indicios de un evento cardiovascular.
«Muchas mujeres minimizan estos síntomas porque creen que se trata de molestias pasajeras, pero un infarto requiere atención médica inmediata», advierten especialistas en cardiología.
Infarto en mujeres: las señales silenciosas
Los expertos también recuerdan que factores como la hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo, el sedentarismo y el estrés crónico incrementan significativamente el riesgo cardiovascular.
A ello se suma que, tras la menopausia, disminuye la protección hormonal natural, aumentando la probabilidad de sufrir enfermedades del corazón. Por eso, recalcan la importancia de realizar controles preventivos y consultar oportunamente ante cualquier síntoma fuera de lo habitual.
La comunidad médica insiste en que reconocer estas señales puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Acudir rápidamente a un servicio de urgencia ante la sospecha de un infarto permite iniciar tratamientos que reducen el daño al corazón y mejoran las posibilidades de recuperación.
El llamado es claro: escuchar al cuerpo, no normalizar síntomas persistentes y entender que, en materia cardiovascular, cada minuto cuenta.





