A días de cumplirse siete años del estallido social, Jorge Baradit volvió a instalar la controversia política con un mensaje directo al Gobierno de José Antonio Kast. El escritor y exintegrante de la Convención Constitucional sostuvo que el malestar que desembocó en las masivas movilizaciones de octubre de 2019 continúa presente y cuestionó que la respuesta del Ejecutivo se centre en el orden público sin abordar, a su juicio, las causas de fondo.
A través de su cuenta en X, Baradit defendió su interpretación de las protestas y rechazó que el episodio histórico sea abordado únicamente desde la condena. “El ‘estallido’ no es algo que condenar o juzgar como si hubiese sido un pecado o delito”, escribió. En su lectura, las movilizaciones fueron “la expresión espontánea del descontento popular por la vida opresiva, precaria y abusiva que padecen los chilenos”.
El autor de La historia secreta de Chile apuntó directamente a la administración de Kast y planteó que la prevención de nuevas protestas exige una respuesta política y social, no solamente medidas de seguridad. “La mejor manera de prevenir su repetición no son las amenazas ni carabineros con autorización para ser más violentos”, afirmó, antes de advertir que las causas del descontento “siguen ahí y deben ser atendidas, no agudizadas, como lo promueve este gobierno”.
Sus declaraciones llegan en una fecha especialmente sensible para la política chilena. El próximo aniversario vuelve a poner sobre la mesa una discusión que sigue dividiendo al país: cómo interpretar las movilizaciones, qué responsabilidad tuvieron las instituciones y cómo distinguir las demandas sociales de los hechos de violencia y los daños registrados durante las jornadas de protesta. Siete años después, no existe una lectura compartida sobre el significado y las consecuencias del 18 de octubre.
Jorge Baradit lanza dura advertencia a Kast
Baradit también respondió a los llamados provenientes de sectores de la derecha para rechazar la violencia ocurrida durante el estallido. En otra publicación, utilizó un tono abiertamente confrontacional y cuestionó lo que considera una doble vara frente a distintos episodios de violencia en la historia de Chile. Su mensaje generó una nueva arista en el debate sobre la memoria política y la forma en que distintos sectores buscan instalar su interpretación de aquellos acontecimientos.
La controversia refleja una dificultad que ningún gobierno puede resolver únicamente con consignas: el país todavía discute qué originó el estallido, qué cambios logró impulsar y cuáles de sus demandas siguen pendientes. Para sus detractores, la violencia y los daños no pueden relativizarse; para quienes enfatizan sus causas sociales, reducirlo a los episodios delictivos implica ignorar el malestar que movilizó a cientos de miles de personas.
Con Kast en La Moneda, el aniversario adquiere además una nueva dimensión política. La advertencia de Baradit apunta a que el control del orden público, por sí solo, no elimina las tensiones sociales. Pero el desafío para el Gobierno tampoco consiste únicamente en responder a sus críticos: exige demostrar con políticas concretas cómo enfrentará las demandas ciudadanas sin tolerar la violencia ni poner en riesgo los derechos de las personas.
El 18 de octubre vuelve así a abrir una discusión que Chile no ha conseguido cerrar. Entre quienes exigen condenar sin matices los hechos violentos y quienes reclaman que se atiendan las causas estructurales del malestar, la pregunta sigue siendo la misma: ¿se aprendió algo de 2019 o el país continúa enfrentando los mismos problemas bajo un escenario político distinto?





