Lo que inicialmente habría sido presentado como un proyecto de crecimiento personal terminó, según los testimonios de sus exintegrantes, convertido en una estructura donde las decisiones más íntimas estaban sometidas a la autoridad de un líder. La comunidad Cahuala, instalada en Chiloé, vuelve a generar controversia luego de que una mujer revelara las condiciones que, según su relato, le impusieron para poder iniciar una relación sentimental con otro integrante.
El testimonio fue difundido en la segunda parte de un reportaje de Teletrece, emitido el 25 de octubre, y expone una dinámica que va mucho más allá de las estrictas normas de convivencia. María Luz, exintegrante de la agrupación, aseguró que Enrique Urrutia Aburto, señalado por antiguos miembros como el líder de la comunidad, le exigió un encuentro físico antes de permitirle avanzar en su relación con otro hombre.
La condición descrita por la mujer resulta particularmente inquietante por el nivel de control que, según su versión, ejercía el dirigente sobre la vida afectiva de quienes integraban el grupo. Su relato pone sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿hasta dónde puede llegar la autoridad de un supuesto referente espiritual cuando las decisiones personales dejan de pertenecer a quienes las toman?
“Tú me lavas los pies”: el requisito que encendió las alarmas
“Me dice: ‘mira, para tener una pareja dentro de Cahuala, tú tienes que ser una mujer Cahuala, entonces vamos a tener un primer encuentro físico que tiene que ver con un lavado de pies, entonces tú me lavas los pies y vamos viendo cómo tú te relacionas con un hombre’”, relató María Luz en el reportaje. La exintegrante agregó que, después de esa exigencia, el líder la habría invitado a dormir una siesta con él.
La denuncia no aparece de manera aislada. Rodrigo Zegers, abogado querellante en la causa, sostuvo que el control de la comunidad también alcanzaba la intimidad de sus miembros. Según explicó, el líder determinaba cuándo las parejas podían mantener relaciones sexuales y bajo qué condiciones. “La única persona autorizada para penetrar era él”, afirmó, describiendo las restricciones que, según los antecedentes expuestos, habrían regido dentro de la agrupación.
Pero los testimonios conocidos van más allá de la vida sentimental. María Luz también denunció restricciones para relacionarse con su propia hija, mientras otros exintegrantes describieron reglas que impedían a las madres amamantar a sus bebés. La mujer recordó el impacto emocional que le provocó esa situación y aseguró que, al abandonar la comunidad, se encontraba tan confundida que “yo casi ya no sabía cómo me llamaba”. Son relatos que apuntan a un posible sistema de sometimiento psicológico y pérdida de autonomía personal.
Investigación judicial bajo reserva
La comunidad Cahuala fue fundada a fines de la década de 1980 por Enrique Urrutia Aburto y llegó a reunir cerca de 40 personas, entre adultos y niños, según los antecedentes difundidos por medios nacionales. La investigación judicial contempla presuntos delitos de abuso sexual reiterado, trata de personas con fines de explotación laboral y asociación ilícita. Además, antiguos integrantes han denunciado condiciones laborales y económicas que habrían limitado su independencia.
La causa se inició en 2019 a partir de denuncias por hechos que habrían ocurrido entre 1999 y 2015. En octubre de 2026 se conocieron nuevos antecedentes judiciales y testimonios públicos que volvieron a poner el caso en el centro de la atención. La investigación continúa bajo reserva y las acusaciones deben ser esclarecidas por los tribunales. Los imputados mantienen la presunción de inocencia mientras no exista una sentencia condenatoria.





