Mientras muchos esperaban que el 2026 marcara el renacer del Colo Colo bicampeón histórico del fútbol chileno, la realidad se instala con crudeza: no es sólo una cuestión táctica o de resultados, sino una estampida silenciosa de jugadores que presagian desgobierno y debilidad institucional en el club más grande del país. Esta es la advertencia tajante que lanza Marcelo “Toby” Vega, quien en tono casi apocalíptico sostiene que “no quieren estar los jugadores” en Macul, un síntoma que pocos medios se atreven a diseccionar con honestidad.
El detonante del malestar fue la oficialización de las salidas de Cristián Zavala —hacia Coquimbo Unido— y Esteban Pavez —rumbo a Alianza Lima—, decisiones que más que movimientos de mercado parecen renuncias a la camiseta. Según el histórico exvolante, esto no ocurre “porque no quieran estar a gusto”; ocurre porque nadie quiere seguir luchando bajo una dirección deportiva sin rumbo claro y un proyecto que no convence ni dentro ni fuera de la cancha.
Crisis en Colo Colo
Esto no es un simple malestar pasajero. En el último año Colo Colo ha vendido o dejado ir a nombres clave, incluidos talentos locales y referentes de experiencia, sin reemplazos que hayan generado confianza en la hinchada ni respuestas contundentes en el campo. La sensación entre los cercanos al club es que las decisiones parecen más dictadas por urgencias económicas que por un plan deportivo sólido, lo que provoca que algunos futbolistas prefieran salir antes de sentir el peso de un barco que zozobra.
Detrás de este éxodo de futbolistas hay un cuadro más complejo: un plantel desequilibrado en donde la falta de extremos obliga al técnico Fernando Ortiz a improvisar soluciones, mientras los jóvenes talentos no terminan de explotar y las figuras veteranas cuestionan su futuro. La crítica no sólo apunta a los futbolistas: también hay señales de tensiones entre cuerpo técnico y dirigencia, con dudas abiertas sobre el liderazgo dentro del club.
Si a esto se suman las declaraciones de ídolos y ex jugadores que ven un “problema grave” en el interior del Cacique, la conclusión es inevitable: Colo Colo enfrenta un desafío que va más allá de dejar ir jugadores: está frente a una crisis de identidad institucional. La hinchada exige respuestas, mientras los pasillos del Monumental tiemblan con la posibilidad de un año donde la presión no será por títulos, sino por supervivencia.















