En medio de un clima de dolor que todavía recorre al mundo televisivo chileno, César Campos volvió a la pantalla con un despacho que nadie en la televisión esperaba ver. El notero de Mucho Gusto regresó al aire esta semana para cubrir el funeral de Andrés Caniulef, su expareja y colega, en lo que describió sin filtros como “uno de los despachos más complicados de mi vida profesional”.
Lejos de los clásicos saludos institucionales que suelen acompañar a este tipo de coberturas, Campos arrancó con una declaración que dejó ver la tensión emocional detrás de la cámara: “No es fácil despedir a alguien que uno ha querido, estimado y respetado”, dijo con voz temblorosa, antes de rendir un homenaje que combinó respeto, nostalgia y crítica al espectáculo mediático que rodea a la farándula chilena.
César Campos rompe el silencio
Detrás de esta cobertura no solo hay un periodista haciendo su pega: hay una historia íntima de amor y desencuentros que el propio Caniulef había revelado en entrevistas previas. El fallecido periodista describió a Campos como uno de los grandes amores de su vida, en una relación de casi cinco años que se vivió en la complejidad de la televisión y de sus propias identidades públicas.
Durante la transmisión, Campos no solo habló de la carrera de Caniulef —su pasión por el espectáculo y la profesionalidad con la que cubrió entrevistas a artistas nacionales e internacionales— sino que también expuso la tensión de tener que informar desde un dolor personal profundo, frente a cámaras y audiencias que, en muchos casos, solo conocen la superficie de los personajes.















