Lo que debía ser una celebración musical terminó convirtiéndose en un nuevo episodio de violencia digital. Tras su presentación en el REC 2026, Coni Lewin decidió no guardar silencio y enfrentar directamente los comentarios que recibió sobre su cuerpo en redes sociales.
La cantante de Supernova fue blanco de críticas tras su show en el festival realizado en el Biobío, donde —como ya es costumbre— el foco no estuvo solo en la música, sino en su apariencia física. Comentarios despectivos y juicios gratuitos comenzaron a circular, reabriendo una discusión que la industria arrastra hace años: la obsesión por el cuerpo de las mujeres en el espectáculo.
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Coni Lewin estalla tras crueles críticas
Pero esta vez, Lewin no dejó pasar el tema. A través de sus plataformas, respondió sin filtro a quienes la cuestionaron, marcando un límite claro. Su reacción no fue solo una defensa personal, sino también una crítica directa a la lógica que transforma a artistas en blanco permanente de evaluación física. Una postura coherente con lo que ya había planteado en el propio festival: que no piensa quedarse callada frente a lo que considera injusto.
El episodio vuelve a dejar en evidencia un patrón incómodo. Mientras sobre el escenario se celebran trayectorias y conexión con el público, fuera de él el juicio sigue siendo implacable y, muchas veces, superficial. Y ahí está el punto: no importa cuántos años pasen ni cuántas veces se denuncie, el escrutinio sobre el cuerpo femenino sigue siendo parte del “show”.
Porque más allá de la polémica puntual, lo de Lewin no es un caso aislado. Es un síntoma. Uno que revela que en la industria —y en el público— todavía cuesta separar el talento de la apariencia. Y cuando eso no ocurre, el problema ya no es el comentario… es la cultura que lo valida.











