En un giro que desarma cualquier narrativa tradicional de relaciones pos-separación, María José “Coté” López dejó claro en Hay que decirlo que la convivencia emocional entre su exesposo, el exfutbolista Luis “Mago” Jiménez, y su nueva pareja, Lucas Lama, es sorprendentemente cordial y funcional. Lejos de los celos clásicos que inundan la farándula chilena, Coté describió una dinámica familiar intacta y prácticamente colaborativa, dejando perpleja a la audiencia.
Según López, la escena cotidiana en su casa desafía cualquier guion de novela: Jiménez llega por las mañanas, conversa con Lucas y está con los hijos como si nada hubiese cambiado, e incluso se mueven “entrando y saliendo” durante el día sin tensiones aparentes. “Los niños le escriben más a Lucas que a mí… para todo”, relató la influencer con una mezcla de ironía y aceptación, describiendo una familia extensa donde prima la normalización de vínculos previamente impensables.
Este relato es particularmente llamativo si se observa el contexto más amplio: la relación entre Coté y Jiménez terminó tras 18 años de matrimonio, con reconciliaciones intermitentes y episodios dramáticos que incluyeron peleas familiares públicas y una separación definitiva que, según registros, fue comunicada hace más de un año. Sin embargo, la influencia de un nuevo compañero sentimental como Lucas Lama —quien ha asumido un rol activo en la vida de los hijos y de Jiménez según su relato— sugiere que la vieja arquitectura de la familia se está redefiniendo sin estridencias, y quizá sin los dramas mediáticos habituales.
Coté López rompe el molde
Claro que no todo es color de rosa: Lucas Lama carga con antecedentes que han circulado en medios, incluida una condena por posesión de drogas en 2019, la que el propio joven reconoció y por la que se disculpó públicamente, defendiendo su presente alejado de conductas violentas o agresivas. Coté, por su parte, ha defendido su relación con él, calificando el episodio como un error de juventud que “no lo condena de por vida”.
Más interesante aún es cómo esta atípica convivencia familiar ha trascendido al evento mediático del año: Coté confirmó que tanto Jiménez como ella y sus hijos asistirán a la Gala del Festival de Viña —aunque cada uno con su respectiva compañía—, un gesto que refleja la “paz civil” alcanzada entre las partes después de años de exposición pública.
Lo que resume este escenario es una ruptura de viejos paradigmas: la separación ya no se traduce necesariamente en enemistad ni en batallas mediáticas interminables. En cambio, Coté López muestra que la farándula puede reinventar la convivencia familiar de formas que, aunque sorprendentes, parecen enfocadas en priorizar la estabilidad de los hijos, dejando atrás el circo público que alguna vez definió su historia con Jiménez.















