En medio de la tormenta desatada por lo que muchos interpretaron como un corte abrupto en el show de Asskha Sumathra en el Festival de Viña del Mar 2026, el dueño de Mega decidió poner el pecho y zanjar rumores: no hubo censura ni intervención extraprogramática en la salida de la comediante del escenario, aseguró tajantemente el empresario.
Carlos Heller, presidente del directorio de Megamedia, fue escueto pero contundente al ser consultado por medios tras las acusaciones que circulan en redes sociales y prensa: “Para nada, no, si era la rutina que tenía. Lo dijo en la conferencia de prensa. Está todo bien, todo perfecto”, afirmó, descartando de plano cualquier maniobra de censura o decisión unilateral para bajar a la artista antes de tiempo.
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La declaración de Heller choca con la ola de especulaciones que siguió al episodio en la Quinta Vergara, donde el público pifió con virulencia después de que los animadores irrumpieran con las gaviotas mientras la transformista todavía parecía en pleno ritmo y sin un cierre claro de rutina. Televidentes y opinadores apuntaron directamente a Mega, acusando a la señal de “desaire” y de coartar el momento histórico de Asskha en el festival.
Dueño de Mega sale al paso
Pero desde el canal la versión oficial es otra: tanto Heller como la propia Asskha Sumathra sostienen que su presentación duró exactamente lo pactado en contrato y que su salida —aunque abrupta en apariencias— formaba parte de esa programación. La comediante, que además conquistó al “Monstruo” con carcajadas y risas, ha insistido en que no hubo ninguna intervención, que el cierre estaba planeado y que el respeto por el tiempo de otros artistas fue clave.
La tensión entre lo que el público vivió y lo que la producción intenta imponer como narrativa deja ver una grieta más profunda en cómo se perciben los límites del humor transformista en espacios masivos. Para muchos, la defensa de Heller suena más a un gesto corporativo que a un reconocimiento de lo que realmente ocurrió en el escenario; para otros, es simplemente una aclaración necesaria frente a una ola de acusaciones impulsada por emociones y redes sociales.
Lo cierto es que Viña 2026 ya no se habla solo de música o de chistes: se habla de discrepancias entre audiencias, productores y artistas, y de cómo un segundo en el escenario puede redefinir narrativas sobre inclusión, poder mediático y control editorial en el espectáculo chileno.















