A poco menos de dos meses del Festival de Viña del Mar 2026, una de las polémicas más comentadas en la farándula ha sido la ausencia —o mejor dicho, la **“eliminación” súbita— del emblemático humorista Dino Gordillo de la parrilla oficial del certamen.
Lo que se vendió como un regreso épico a la Quinta Vergara terminó, según un alto ejecutivo del evento, en un “no estuvo ni considerado”. La versión oficializada verticalmente desnuda tensiones internas entre productoras, canales y egos del espectáculo chileno.
Gordillo, humorista que ha marcado varias generaciones de chilenos y que acumuló aplausos memorables en ediciones pasadas, fue inicialmente rumoreado dentro de un elenco de siete comediantes para seis noches de festival —una ecuación imposible que desató especulaciones sobre quién quedaría fuera.
Según publicaciones especializadas, en algún momento sí hubo conversaciones con él, incluso con acuerdos y bloqueos de fechas, lo que alimentó la ilusión de su retorno.
Sin embargo, y aquí viene el giro que pocos esperaban: un alto ejecutivo del Festival, consultado fuera del foco mediático, aseguró que Gordillo “nunca estuvo en carpeta” para Viña 2026 y que ni siquiera se dialogó formalmente con su equipo.
Esa declaración pone en jaque incluso rumores previos de descoordinación entre canales como Mega y la productora Bizarro, y sugiere que el conflicto podría no radicar en falta de espacio ni en exceso de humoristas, sino en un simple —y brutal— no acuerdo creativo o contractual desde el principio.
Festival de Viña 2026 en crisis
La producción oficial del Festival optó por confirmar finalmente a seis humoristas —entre ellos Stefan Kramer y Rodrigo Villegas — dejando a Gordillo al margen.
La ausencia del veterano no solo genera desconcierto en el público que lo asocia al festival como un clásico, sino que también revela una industria donde las decisiones se toman a puertas cerradas y la comunicación al público funciona muchas veces como un cortafuegos de crisis antes que como una política de transparencia.
Lo cierto es que, detrás de esta “no participación” hay más que una simple decisión de programación: es el reflejo de una industria del entretenimiento donde la nostalgia no siempre paga, donde los históricos pueden ser desechables frente a modas emergentes de stand-up o figuras de televisión más “de moda”.
Y en medio de esta disputa no declarada, lo que queda claro es que la narrativa oficializada por ejecutivos y productores choca con las expectativas del público y de los propios artistas —de principal a secundario en cuestión de rumores y tuitazos.
En resumen: no hay “bajado” ni “traición” per se, según la voz de mando del evento, simplemente no hubo nunca un plan real para que Dino Gordillo regrese a Viña 2026. Eso sí, queda en evidencia que si el público no se entera de la versión oficial más temprano que tarde, las especulaciones seguirán creciendo mucho más rápido que la parrilla del festival.














