El nuevo capítulo de Hernán “Nano” Calderón no es farándula liviana. Es, derechamente, un caso judicial en desarrollo que mezcla amenazas, violencia y una querella por homicidio frustrado que ya fue declarada admisible. Y lo que terminó por encender el debate fueron los mensajes: directos, agresivos y sin filtro.
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Según antecedentes revelados en las últimas horas, el conflicto se gestó en redes sociales, donde el influencer Santiago Peredo habría utilizado imágenes vinculadas a Calderón, desatando su furia. Lo que vino después fue una escalada rápida: mensajes privados exigiendo una dirección para “arreglar” el problema cara a cara, en un tono que hoy forma parte de la evidencia expuesta.
Filtran amenazas de Nano Calderón
Pero la historia no se quedó en lo digital. De acuerdo con la querella, el encuentro ocurrió en una bencinera de Huechuraba, donde el hijo de Raquel Argandoña habría llegado directamente a encarar al joven. El resultado: una agresión que incluyó golpes e incluso el uso de un objeto que podría haber causado heridas de mayor gravedad. El denunciante terminó lesionado y dio paso a una acción judicial por amenazas, lesiones y homicidio frustrado.
El detalle que más inquieta es la secuencia: primero los mensajes, luego la ubicación, y finalmente el ataque. Para la parte querellante, no se trató de un encuentro casual, sino de una acción dirigida. “Fue abordado súbitamente”, relató el abogado del denunciante, reforzando la tesis de una agresión premeditada.
Mientras tanto, el silencio marca la vereda familiar. Raquel Argandoña optó por no referirse al caso, manteniendo la distancia pública pese a la gravedad de las acusaciones.
Así, el caso de Nano Calderón vuelve a tensionar el límite entre espectáculo y delito. Porque cuando las amenazas dejan de ser solo palabras y se transforman en hechos, la historia cambia de categoría. Y esta vez, el desenlace ya no depende de redes sociales, sino de tribunales.















