El capítulo más amargo de la novela familiar de Mauricio Israel volvió a prender las alarmas esta semana con un nuevo testimonio de su hijo Alexander Israel, quien relató un encuentro judicial tan frío como simbólico del estado de la relación entre ambos. El joven —quien se presentó en televisión en 2025 como el hijo relegado del conocido comentarista deportivo— dibujó una escena que desnuda no solo fracturas familiares profundas, sino también una historia de abandono y reproches que ha saltado de las pantallas a los tribunales.
Durante una audiencia preparatoria que se extendió en el contexto de una demanda formal por pensión alimenticia y reconocimiento de vínculos, Alexander reveló que su padre no le dirigió la palabra en ningún momento y apenas habló para alegar problemas económicos. Ese gesto —o la ausencia de este— marcó un punto de quiebre emocional: “Ni siquiera me saludó, no hubo contacto visual, nada”, explicó el joven en el programa Hay Que Decirlo, descolocando a los panelistas y dejando en evidencia el abismo entre las declaraciones públicas de Israel y la cruda realidad del encuentro.
Hijo “oculto” de Mauricio Israel rompe silencio
Lo contado por Alexander no surge de la nada. Su historia familiar es conocida: nacido en 2000 de una relación extramarital de Israel con una corredora de seguros, el vínculo fue reconocido tras una prueba de ADN, pero la comunión afectiva nunca se consolidó. Según el propio Alexander, las pocas interacciones telefónicas y económicas se diluyeron con el tiempo, mientras las múltiples deudas y polémicas que envolvieron al comunicador en la última década terminaron por borrar cualquier intento de relación estable.
El relato no solo expone la frialdad del juicio, sino también detalla cómo Mauricio Israel habría culpado a su hijo por su propia precariedad laboral tras la exposición mediática del caso, un giro que Alexander considera no solo injusto sino doloroso. “Lo que yo entendí es que por haber salido en televisión, él se quedó sin trabajo…”, resumió con amargura el joven, reflejando un vínculo donde la culpa y el silencio pesan más que la sangre compartida.
Mientras tanto, desde el otro lado de la historia, Mauricio Israel mantiene una postura defensiva y controlada: ha asegurado que Alexander “nunca estuvo oculto” y que el vínculo ha sido siempre reconocido, minimizando el relato de su hijo y desafiando que se reúnan los detalles de lo dicho. La tensión familiar, ya visible en diversos medios, abre ahora un debate más profundo sobre responsabilidad emocional, figuras públicas y el costo de la indiferencia parental cuando aterriza en espacios públicos de alta exposición mediática.















