Este miércoles por la mañana, Karen Doggenweiler volvió a poner la voz firme en el matinal Mucho Gusto, pero esta vez no fue para entrevistar a un artista ni cubrir un estreno: fue para contener el embate directo de Cathy Barriga, quien irrumpió en vivo con un tono desafiante y acusaciones que cruzaron la línea de lo periodístico hacia lo personal.
El origen de la tensión fue la cobertura del caso judicial que enfrenta la exalcaldesa de Maipú —acusada de fraude al fisco, falsificación de documentos y malversación de fondos con un presunto perjuicio que supera los $32 mil millones— y para el cual la Fiscalía y el municipio de Maipú solicitan penas que superan los 30 años de presidio.
Barriga, visiblemente molesta, aprovechó el contacto en directo para criticar duramente al matinal por lo que calificó como un tratamiento parcial de su caso. Tras descalificar la cobertura mediática y acusar que no se informa sobre una querella contra el actual alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic, Barriga lanzó un golpe bajo: comparó su situación judicial con la que vivió el esposo de Doggenweiler, Marco Enríquez-Ominami, durante el caso SQM. “Esa impresión debe ser la misma que tú tuviste cuando viviste un caso directo con tu marido…”, declaró Barriga, un comentario que instantáneamente tensó la conversación.
Karen Doggenweiler responde con dureza a Cathy Barriga
Doggenweiler no se quedó atrás. Con la compostura periodística que caracteriza su carrera, respondió sin dudar que “para eso están los juicios, y por eso Marco resultó inocente”, subrayando que las instancias judiciales deben respetarse y que el proceso de Barriga tiene su propio marco legal y gravedad. Además, recalcó que Barriga no estaba en posición de desviar la discusión hacia un tema familiar, sino de responder por su rol como autoridad electa.
El intercambio, que rápidamente se viralizó en redes sociales, expuso no sólo la sensibilidad de Barriga ante la crítica mediática —especialmente sobre publicaciones en redes donde aparece en contextos alejados de la gravedad de su caso—, sino también el momento en que la televisión matinal se transformó en una arena de confrontación directa entre figuras públicas y periodistas.
Más allá de los golpes verbales, lo que quedó en evidencia es que, en pleno 2026, las fronteras entre periodismo, opinión pública y defensa personal están más difusas que nunca. En un país donde figuras políticas usan los espacios televisivos para desahogar frustraciones, Mucho Gusto se convirtió en más que un programa: fue el tribunal donde se disputan narrativas, reputaciones y, sobre todo, quién dicta el relato de los hechos.















