En un giro dramático lejos de su habitual tono humorístico, Maly Jorquiera —una de las voces más agudas de la comedia chilena— abrió la caja de Pandora emocional y dejó caer, sin filtros, la vulnerabilidad que ha marcado los últimos meses de su vida personal. En una reciente participación en el podcast Ojo y Vanguardia, la comediante abordó con crudeza cómo la exposición mediática tras su ruptura con Sergio Freire ha impactado no solo su carrera, sino también el corazón de su familia.
La separación con Freire, oficializada tras rumores de infidelidad y tensión prolongada entre la pareja, ya había sido comentada con ironía en algunos escenarios, pero esta vez Jorquiera dejó de lado la ironía para hablar de lo que realmente le ha dolido: el escrutinio constante sobre su vida privada y, sobre todo, las repercusiones que ello tiene sobre su hijo de ocho años, Lucas. No es un simple desahogo, es la confesión de alguien que siente que pagó un precio alto por vivir su historia bajo reflectores.
Maly Jorquiera rompe el silencio entre lágrimas
El momento más intenso de su relato fue cuando habló de Lucas. Entre sollozos, Maly dejó caer que lo que más desea es que su hijo aprenda a hacerse respetar, poner límites y priorizar su bienestar emocional, un aprendizaje que ella misma considera tardío en su propio camino de adultez. “Es difícil la vida, pero yo suelto”, confesó, evidenciando que la maternidad la ha confrontado con verdades que no se miden en risas ni en aplausos, sino en marcas que quedan adentro.
Lo que Maly no dijo, pero subyace en sus palabras, es una crítica implícita al tipo de espectáculo que consume el público chileno: uno que aplaude la burla fácil y la exposición ajena, pero que no siempre mide el daño real detrás de cada titular. Esta no es solo la historia de una separación más en la farándula; es la historia de una mujer que ha tenido que reconstruir su identidad pública y privada, en un país donde el show a veces parece valer más que las personas detrás del micrófono.
Mientras tanto, el relato mediático de esta ruptura sigue alimentando especulaciones: desde intentos de reconciliación hasta una supuesta nueva relación para Jorquiera que, de confirmarse, pondría aún más leña a este fuego farandulero. Pero lejos de cualquier chisme, lo que emerge con fuerza es una reflexión real sobre los costos emocionales de vivir en exhibición permanente y lo que significa criar a un hijo bajo la mirada pública.















