El Festival de Viña del Mar 2026 no solo ha generado controversias sobre artistas y horarios tardíos, también ha puesto a Marianne Schmidt en el centro de la polémica mediática. Lo que para muchos espectadores fue una presencia repetitiva en las transmisiones oficiales, para la periodista y rostro de Mega no representa nada que merezca una disculpa pública, y así lo dejó claro en un cruce que desatará más de un meme y un comentario ácido en redes y programas de farándula.
La situación explotó durante la segunda jornada del festival cuando televidentes levantaron la voz criticando la frecuencia con la que la cámara enfocaba a Schmidt en la transmisión de la Quinta Vergara. Ante la pregunta de un notero, la conductora respondió con una mezcla de sorpresa y desdén: “¿Pero por qué me muestran tanto? Qué horror”, frase que encapsula el desconcierto ante su propia sobreexposición.
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Lejos de asumir cualquier culpa, Schmidt explicó que no tiene control sobre las decisiones de cámara y dirección del festival, y que su presencia en el anfiteatro —y por ende en pantalla— fue orden del canal que representa, en este caso Mega. Según ella, su presencia tenía razones “generacionales y musicales”, especialmente por su afinidad con artistas como Pet Shop Boys, lo que la haría relevante para cierto público del espectáculo viñamarino.
La frase que hoy pondrá más de una discusión en marcha fue su tajante “no tengo por qué pedir disculpas” si fue mostrada “excesivamente” en la transmisión. Para Schmidt, la crítica más bien refleja la incomodidad de algunos televidentes de ver mucho una figura que, en su opinión, representa un segmento etario y no una imposición sutil de cámara.
El intercambio no solo deja al descubierto las tensiones entre audiencia y medios sobre qué se transmite y por qué, sino que también pone en tela de juicio la autonomía de los rostros televisivos en eventos masivos. En una era donde las redes sociales dictan qué está “bien” o “mal” mostrar, la defensa de Schmidt —rechazando el mea culpa— suena más a declaración de principios que a una simple reacción festiva.
Y mientras algunos celebran la sinceridad de la periodista, otros encuentran en sus palabras un reflejo de cómo la presencia mediática puede transformarse en un acto de vanidad sin filtro, algo que el público digital, ávido de polémicas, no está dispuesto a dejar pasar.















