En un giro insólito y doloroso que ha dejado en evidencia no solo la sofisticación de una banda criminal, sino también los fallos de seguridad de grandes instituciones, una ejecutiva bancaria desvinculada tras la millonaria estafa que sufrió la actriz Amparo Noguera rompió el silencio y relató cómo fue engañada y, posteriormente, responsabilizada por el banco, perdiendo su empleo por un error que asegura no cometió conscientemente.
La mujer —que pidió mantener su identidad en reserva— explicó ante la prensa que la operación con Noguera comenzó con una llamada que parecía legítima: según su relato, la influencer Jenny Ramos, identificada posteriormente como líder de la organización que estafó a la actriz, se hizo pasar por la hija de otro conocido artista para solicitar una transacción de 3 millones de pesos. En ese intercambio, la ejecutiva siguió los procedimientos que tenía a mano, confiando en que estaba tratando con una cliente real en una situación real.
“El error no fue mío. Yo no tengo manera de validar voces ni números desconocidos si el protocolo normal es respetado”, aseguró al programa de Mega la empleada despedida, quien relató que incluso le indicaron que devolverían la llamada al número registrado en la banca telefónica, un paso que quedó en papel porque, en realidad, los estafadores ya manipulaban la situación desde antes. Su versión coincide con lo que la investigación ha establecido: los delincuentes usaban datos públicos y privados de las víctimas para hacer creíble cada contacto.
“Me hicieron quedar mal y perdí mi trabajo”
Aun así, reconoció, no dudó al atender el llamado de la persona que decía representar a Noguera, pese a que algunos detalles —como un número de RUT con voz claramente distinta a la esperada— “deberían haber activado alertas”. “Se supone que asociamos voz con el nombre, pero atendemos muchísimas llamadas al día, y ese filtro simplemente no se dispara como debiera”, agregó la ejecutiva, señalando directamente fallas sistémicas en el proceso de verificación del banco.
La falla, sin embargo, terminó teniendo consecuencias personales graves para ella: tras analizar el desfalco de cuentas y movimientos sospechosos que siguieron inmediatamente después de esa llamada, la institución optó por desvincular a la trabajadora. La mujer contó que ese despido fue devastador no solo porque perdió su fuente de ingresos, sino porque quedó expuesta a la opinión pública y al estigma de un caso de alto perfil que en realidad fue ejecutado por una banda criminal compleja y profesional, que operaba incluso desde recintos penitenciarios y con falsos policías involucrados.
La banda, según reconstrucciones de la PDI y el Ministerio Público, utilizaba una mezcla de suplantación de identidad, ingeniería social y amenazas encubiertas para convencer a sus víctimas de retirar y entregar grandes sumas de dinero bajo el pretexto de protegerlos de un falso riesgo de fraude. En el caso de Noguera, la estafa le significó la pérdida de los ahorros de casi 40 años de trabajo, según declaró la propia actriz públicamente.











