El almuerzo del Presidente José Antonio Kast en La Moneda ya no es solo una anécdota incómoda: se transformó en un flanco político abierto. Y quien encendió la pradera esta vez fue el periodista José Antonio Neme, que sin matices calificó la situación como “impresentable”, apuntando directamente al criterio —o la falta de él— en el ejercicio del poder.
Desde el matinal Mucho Gusto, Neme no se guardó nada. Cuestionó que el Mandatario utilizara el palacio presidencial para recibir a excompañeros de universidad, comparándolo con invitar amigos a un lugar de trabajo institucional. Para el comunicador, el problema no es solo simbólico, sino profundamente político: una señal de “amateurismo” que, según dijo, no resiste análisis en un cargo de esa magnitud.
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Pero el momento más punzante vino después. Neme ironizó con una imagen que resume la crítica: si la Primera Dama apareciera sirviendo comida en ese contexto, ¿también sería aceptable? La frase no es casual. Busca tensionar el límite entre lo público y lo privado, justo donde este episodio se vuelve más incómodo para el gobierno.
El periodista fue más allá y dejó una frase que golpea directo en la línea de flotación del oficialismo: “prefiero al candidato Kast que al Presidente Kast”. Una declaración que, lejos de ser solo opinativa, instala una duda política mayor: ¿hay una desconexión entre la promesa de campaña y la práctica del poder?
Mientras algunos intentan bajar el perfil, el episodio sigue creciendo. No es solo un almuerzo. Es la señal que deja. Porque cuando el poder se relaja en sus propios códigos, lo que parece cotidiano se transforma en problema. Y en política, esos errores —los que parecen pequeños— son los que terminan costando más caro.














