En un episodio que mezcla folclore nacional, cultura pop y humor fronterizo, el influencer chileno Benjamín “Pollo” Castillo llevó uno de los objetos más curiosos del imaginario popular chileno —el Indio Pícaro— hasta la famosa tienda del programa “El precio de la historia” (Pawn Stars) en Las Vegas, y lo que vino no fue precisamente la avalancha de billetes que había imaginado.
Castillo, conocido por sus videos y ocurrencias virales, llegó al histórico local acompañado de creadores de contenido como Simón Espinoza (“En volá”) y Lucas Espinoza con la misión de convertir esa figura artesanal chilena en oro para sus redes. El Indio Pícaro, objeto popularmente asociado a supersticiones de buena suerte —como celebrar matrimonios, aniversarios o ganancias inesperadas—, fue descrito por Castillo como una pieza supuestamente fabricada en 1960 y con valor histórico familiar.
Pollo Castillo y su Indio Pícaro
Pero la realidad pegó de lleno. El trabajador de la tienda, lejos de dejarse impresionar por la “historia mística”, fue enfático: “no tratamos con supersticiones aquí” y, al examinar el objeto, lo calificó como algo que “no tiene más de un par de años”, desinflando al instante la narrativa del influencer.
La cereza de esta anécdota de alto voltaje chileno-estadounidense llegó con la oferta: mientras Castillo confesó que esperaba algo cercano a US$1.000 por la pieza, la propuesta fue una cifra simbólica que tomó por sorpresa a todos… un centavo de dólar. “Esto es lo máximo que puedo darte”, dijo sin pestañear el empleado del local, dejando al influencer sin la gloria (ni la plata) que había imaginado.
Lejos de frustrarse, el Pollo se lo tomó con humor, aceptó la ridícula oferta y selló el momento con un “It’s a deal” que rápidamente se viralizó. Las redes sociales, por supuesto, no tardaron en comentar con ironía un símbolo chileno siendo “valuado” en lo que hoy equivale a menos de diez pesos chilenos.
Lo que para muchos habría sido un fracaso comercial, para otros se convirtió en una movida de contenido brillante: un chileno que exporta folclore local a uno de los templos del comercio histórico mundial y termina recibiendo el mundo al revés. En tiempos donde lo cultural se mide en likes más que en pesos, este episodio demuestra que incluso las supersticiones nacionales pueden tener un precio… aunque sea simbólico.
@pollosus2its a deal













