La polémica entre el periodista de espectáculos Sergio Rojas y la familia Araneda-Vacarezza no solo se transformó en una tormenta en redes sociales, sino que ahora amenaza con redefinir su lugar en la televisión chilena.
Tras sus duras declaraciones sobre la adopción del hijo menor de Rafael Araneda y Marcela Vacarezza, Rojas se encuentra en el ojo del huracán mediático, enfrentando desde denuncias ante el Consejo Nacional de Televisión (CNTV) hasta el posible fin de su participación en importantes espacios televisivos.
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La chispa de este conflicto se encendió a mediados de diciembre, cuando Rojas —desde su programa Que te lo digo en Zona Latina— cuestionó la adopción del niño de origen haitiano por parte de la pareja, sugiriendo que la exposición mediática del menor rozaba la vanagloria y la sobreexposición pública.
Las palabras del opinólogo no solo provocaron indignación en el círculo cercano de los animadores, sino que llevaron a Araneda y Vacarezza a presentar formalmente una denuncia ante el CNTV, acusando a Rojas de realizar comentarios discriminatorios e incluso racistas sobre un menor de edad.
Sergio Rojas desata guerra total
Lejos de retirarse del debate, Rojas optó por una ofensiva pública. En recientes declaraciones, el periodista aseguró que no piensa retroceder y acusó a sus críticos de intentar silenciarlo y borrarlo del mapa televisivo. Según Rojas, su salida del programa Only Friends, conducido por José Antonio Neme en Mega, se debe precisamente a la presión de los sectores vinculados a Araneda, algo que el propio comunicador ha calificado como un intento de censura y una muestra de las “mafias” que operan en la industria mediática chilena.
La respuesta desde el entorno de Araneda y desde la misma industria no se hizo esperar. José Antonio Neme, en una conversación con el programa Sígueme, calificó los comentarios de Rojas como innecesarios, gratuitos y dañinos para una familia, y explicó que la decisión editorial de no incluirlo en Only Friends responde a una lógica de lealtad con uno de los rostros centrales del canal, y no a conspiraciones internas.
El caso ha encendido el debate sobre los límites éticos del periodismo de espectáculos, especialmente cuando involucra a menores y temas sensibles como la adopción y la raza. Figuras como Pamela Díaz ya han criticado públicamente a Rojas, calificando sus dichos como imprudentes y desinformados, y subrayando que la línea entre la crítica legítima y el ataque personal fue ampliamente sobrepasada.
Mientras los tribunales y organismos regulatorios analizan las acusaciones formales, Sergio Rojas luce decidido a sostener su postura públicamente, incluso si eso significa estar fuera de las pantallas más masivas del país. Más que un simple escándalo farandulero, este enfrentamiento expone las tensiones latentes entre el periodismo sensacionalista, la responsabilidad mediática y el costo humano de hablar sin filtros.















