En medio del dolor por el fallecimiento del reconocido periodista de farándula Andrés Caniulef, la figura de Sergio Rojas se ha transformado en el epicentro de una polémica que va más allá del duelo. Tras pronunciarse públicamente sobre el triste deceso y la forma en que se difundió la noticia, Rojas enfrenta una lluvia de mensajes de odio en redes sociales que, según cuenta, nunca había experimentado con tal virulencia.
El conductor de Qué Te Lo Digo se ha visto obligado a abordar —en su programa y en entrevistas recientes— el impacto emocional que le han causado los ataques online. Rojas explicó que está habituado a las críticas propias de la farándula, pero asegura que la intensidad y crudeza de los mensajes que ha recibido tras la muerte de Caniulef ha superado todo lo vivido anteriormente. Entre insultos y expresiones de rechazo directo, el periodista admite que incluso ha influido en su salud mental.
En la mira de la furia digital
El origen de esta tormenta virtual, según diversas versiones del caso, tiene dos pilares: por un lado, las críticas de Rojas a colegas que difundieron la noticia del fallecimiento antes de que la familia lo confirmara oficialmente —acusándolos de buscar “primicias” a costa del drama ajeno— y, por otro, sus comentarios previos relacionados con Caniulef y su vida personal, que ya habían generado fuertes reacciones entre algunos sectores del público y organizaciones sociales.
Más allá de la controversia mediática, Rojas también ha compartido un momento profundamente humano: su presencia en el velorio de Caniulef y el abrazo con la madre del periodista fallecido, gesto que, asegura, lo marcó profundamente y le brindó consuelo. Esto ha contrastado con la narrativa agresiva en redes donde no faltan voces que lo acusan de oportunista o insensible en medio del dolor colectivo.
Lo que podría haber sido un homenaje sobrio a una figura querida por la farándula chilena se convirtió en una nueva página de la guerra digital: una donde el debate sobre límites del escrutinio público, respeto al duelo y responsabilidad periodística choca de frente con la brutalidad de la cultura del like y el odio anónimo.
En este escenario, Rojas no solo enfrenta la pérdida de un colega, sino también una feroz ola de ciberacoso que plantea preguntas incómodas sobre nuestra sociedad conectada.















