El Festival de Viña del Mar 2026 aún no comienza, pero ya suma su primera cuota de tensión —y no precisamente por fallas técnicas ni polémicas contractuales— sino por una advertencia que llega desde el mundo esotérico. La conocida actriz y tarotista chilena , Romina Norambuena, encendió las alarmas al anticipar cuáles serían las noches más complejas del certamen, instalando desde ya una narrativa de riesgo sobre algunos artistas que deberán enfrentar al siempre impredecible “Monstruo”.
Según sus proyecciones, no todas las jornadas tendrían la misma energía. La tarotista sostuvo que ciertas combinaciones de humoristas y números musicales concentrarían vibraciones adversas, marcadas por la ansiedad del público y la presión mediática. En ese escenario, adelantó que habría rutinas que podrían desinflarse rápidamente, generando silencios incómodos en la Quinta Vergara —el peor presagio para cualquier comediante que pise ese escenario.
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El análisis no se quedó en lo superficial. La lectura apuntó a factores como el orden de presentación, el arrastre del artista previo e incluso el clima emocional del público durante esas noches. Bajo esa lógica, advirtió que los humoristas serían quienes cargarían con el mayor peso energético, transformándose —como ha ocurrido históricamente— en el eslabón más frágil de la parrilla festivalera.
Pero más allá de lo místico, lo cierto es que Viña 2026 ya se perfila como una edición de alto riesgo. La mezcla de figuras consolidadas con apuestas emergentes abre un flanco de incertidumbre que ni las cartas ni la producción pueden controlar del todo. Porque si algo ha demostrado el Festival en su historia reciente, es que basta una rutina fallida o un público hostil para convertir una noche prometedora en un bochorno televisado a todo el continente.
Así, entre predicciones, ansiedad y expectativas, el certamen comienza a jugar su primer partido fuera del escenario. Y aunque las cartas hablen, será finalmente el Monstruo —implacable y soberano— quien tenga la última palabra.















