El ambiente detrás de cámaras de Fiebre de Baile —el estelar de Chilevisión que ha agarrado público y polémica en igual medida— sigue generando más ruido del que oficialmente se reconoce. En medio de rumores que hablaban de una “mala onda” palpable entre dos de los jurados más visibles del programa, la maestra de danza Edymar Acevedo rompió el hielo y entregó su versión de los hechos sobre su relación con la siempre directa Raquel Argandoña.
La polémica tomó fuerza desde los primeros capítulos, cuando en redes sociales y algunos programas de farándula se empezó a especular que Acevedo y Argandoña vivían una tensión constante que incluso habría terminado con llantos de la bailarina por conflictos tras bambalinas. Nada más lejos de la realidad, según la propia Edymar: “inventaron un montón de cosas… falso. Salí llorando, peleando con la producción por un berrinche… nunca ocurrió”, aseguró con ironía en una entrevista reciente, desmontando esos mitos con golpes de realidad.
Tensión real en el jurado de “Fiebre de Baile”
Pero si bien la maestra zanjó los rumores más extremos, su relato no fue un abrazo virtual entre colegas: reconoció que no son amigas ni existe una relación de complicidad fuera del set. “No somos amigas, no nos visitamos, ni le llevo la cartera… todo eso es falso”, precisó Acevedo, subrayando que su vínculo con Argandoña se limita estrictamente al trabajo, a pesar de que sí respeta su profesionalismo. Esa línea fina entre respeto y cercanía resume bien la dinámica que se vive en el jurado, donde cada uno mantiene su espacio y criterio sin rendir cuentas emocionales al otro.
La declaración de Acevedo llega en un contexto donde otros episodios también han alimentado la idea de fricciones internas: en octubre pasado, incluso se ventiló un supuesto “quiebre total” entre Argandoña y parte del jurado, motivado por discrepancias sobre cómo se evaluaba a los participantes, según declaraciones filtradas en el programa Zona de Estrellas.
En definitiva, lo que en un comienzo fue presentado como “mala onda” terminó siendo una relación profesional austera, marcada por respeto técnico y diferencias de criterio, mas no una confrontación abierta o enemistad declarada. En un formato donde la tensión y el espectáculo son parte del juego, la frontera entre realidad y rumor suele confundirse, y esta vez fue la propia protagonista quien decidió poner cartas sobre la mesa.















