A sus 87 años, Yolanda Sultana decidió hablar sin rodeos sobre su actual relación con la televisión. La reconocida mentalista, conocida durante décadas como la Tía Yoli, reapareció en Hay que decirlo y abordó tanto los problemas de salud que ha enfrentado como la distancia que mantiene actualmente con la pantalla chica.
La astróloga contó que durante los últimos años ha enfrentado dificultades de movilidad y distintas dolencias físicas. Sin embargo, aseguró que mantiene intactas sus capacidades intelectuales y aprovechó la conversación para cuestionar el lugar que hoy ocupa en los medios. “La televisión es un poco ingrata, está enfocada de otra manera. No soy universitaria y eso se debería valorizar”, afirmó.
La frase resume buena parte de su molestia. Sultana considera que su extensa experiencia frente a las cámaras no debería quedar desplazada por los nuevos códigos de la televisión. “Yo he sido maestra para mucha gente, antes se hablaba en un metro cuadrado”, recordó, reivindicando una trayectoria que comenzó mucho antes de la actual era de las redes sociales y los contenidos digitales.
Yolanda Sultana dispara contra la televisión
Y la lista de recuerdos que entregó fue extensa. La Tía Yoli mencionó sus apariciones en televisión, su participación en el Festival de Viña, sus presentaciones de baile y hasta sus experiencias practicando karate frente a las cámaras. “Yo empecé a bailar, yo hice kárate en la televisión, hice cosas, iba al Festival de Viña. Realmente ocupando el primer puesto”, sostuvo.
Pero hubo otro aspecto de su pasado que quiso destacar: su trabajo social. Sultana recordó que durante años realizó actividades de ayuda en poblaciones, cárceles y otras comunidades. “En las poblaciones regalaba mercadería, llevaba escobas, zapatos (…) Iba a la cárcel, le colocaba zapatos a la gente, para Viña del Mar regalé 200 cunas”, relató, antes de resumir su filosofía con una frase contundente: “He dado mi vida para ayudar a la gente”.
Lejos de cerrar definitivamente la puerta de la televisión, la mentalista dejó claro que todavía tiene ganas de volver. Consultada sobre qué es lo que más extraña, apuntó al contacto directo con los espectadores: “El coqueteo, hablarle al público y saber lo que hablaba, porque lo que hablo lo investigo”. Y si apareciera una propuesta concreta, aseguró que aceptaría regresar.
“Es un poco ingrata”
Incluso tiene claro qué tipo de espacio le gustaría realizar. “Me gustaría hacer consejos”, afirmó, recordando sus múltiples apariciones en medios y su relación histórica con el público chileno. La Tía Yoli no parece dispuesta a asumir que su etapa televisiva terminó simplemente porque las cámaras dejaron de buscarla con la misma frecuencia.
Pese a las dificultades físicas que ha experimentado, cerró su intervención reivindicando su estado actual desde una perspectiva personal y religiosa: “Gracias a Dios, para mis 87 años, estoy como tuna. Dios ha querido que yo sea así”.
La aparición dejó así una imagen distinta de la tradicional figura esotérica que durante años ocupó espacios destacados en la televisión chilena. Yolanda Sultana no solo habló de salud y nostalgia: dejó sobre la mesa una crítica directa a una industria que, según su propia percepción, cambió las reglas y dejó atrás a parte de quienes ayudaron a construirla.





