La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, el capo más buscado de México y líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), marca un antes y un después en la violencia del narcotráfico en el país azteca. El operativo militar que terminó con su vida este 22 de febrero de 2026 detonó una ola de terror que reavivó las peores escenas de la guerra contra el narcotráfico: bloqueos, incendios de vehículos, enfrentamientos armados y decenas de muertos en múltiples estados del país.
Durante años, El Mencho había convertido al CJNG en una de las organizaciones criminales más agresivas y expandidas de México, con ramificaciones incluso en Estados Unidos por el tráfico de fentanilo, metanfetamina, cocaína y otros estupefacientes. Con una recompensa de 15 millones de dólares sobre su cabeza y múltiples intentos fallidos de captura, su muerte fue retratada por el Estado mexicano como un golpe histórico a la criminalidad. Sin embargo, esa “decapitación” del cartel desató una respuesta brutal y coordinada que dejó al país al borde del colapso social.
También te puede interesar
El final de El Mencho desata el caos
En cuestión de horas, células del CJNG respondieron con una violencia sin precedentes: bloqueos de carreteras con vehículos incendiados, explosiones, ataques a estaciones de combustible y mercados, además de enfrentamientos con fuerzas de seguridad que dejaron al menos 55 personas muertas, entre civiles, elementos de la Guardia Nacional y criminales según autoridades. En estados como Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Tamaulipas, la vida cotidiana se convirtió en una pesadilla con escuelas cerradas, rutas bloqueadas y una población aterrada.
Lejos de pacificarse, la situación ha encendido alarmas internacionales: cancillerías emitieron advertencias de seguridad, vuelos fueron cancelados y turistas quedaron varados ante focos de violencia que parecían sacados de un escenario de guerra urbana. Incluso con la presidenta Claudia Sheinbaum asegurando que no existe riesgo para visitantes de eventos como la Copa del Mundo, la percepción de inseguridad sigue siendo masiva.
Este episodio plantea preguntas incómodas sobre la estrategia de combate al crimen organizado en México. La eliminación de uno de los narcos más temidos parecía un triunfo, pero la realidad posterior demuestra que la fuerza militar no basta para contener una red criminal profundamente arraigada y brutal en su comportamiento. Las decapitaciones simbólicas –eliminar cabezas visibles– han sido siempre parte de una narrativa estatal, pero detrás queda una estructura fragmentada, violenta y lista para reconfigurarse, lo que augura que la sangre seguirá corriendo mucho después de que los reflectores se apaguen.















