Mientras el mundo enfrenta crisis políticas, económicas y geopolíticas con protagonistas como Trump, Maduro y tensiones internacionales que no tardan en estallar, la autodenominada astróloga Consuelo Ulloa —antes conocida como Miau Astral— plantea que 2026 será un “año de reset histórico” donde se tambalean viejas certezas y surge un reordenamiento global del poder.
Pero más allá de la retórica mística, ¿qué hay de concreto y qué de wishful thinking en estas predicciones que ahora circulan más como hashtag que como análisis serio?
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Ulloa ha publicado en sus redes un extenso video en YouTube donde asegura que estas transformaciones tocarán “la tecnología, la identidad, la autoridad y la información”, y que veremos el colapso de figuras de autoridad que “ya no representan a nadie” y su sustitución por liderazgos más carismáticos, directos y hasta fanáticos.
La economía y las estructuras rígidas, según ella, sucumbirán ante presiones migratorias, tensiones territoriales y acuerdos inciertos que flexionarán —o disolverán— las normas tradicionales del poder.
Sin embargo, a diferencia de esta visión mística de “energías colectivas” y quiebres arquetípicos, los analistas políticos y económicos señalan que 2026 ya viene cargado de hechos concretos que no necesitan interpretación astral para ser disruptivos: un Mundial de fútbol que redefine calendarios globales, economías expuestas a inflación y recesión, conflictos bélicos no resueltos y una ciudadanía cada vez menos dispuesta a tolerar la desigualdad.
El “reset histórico”
En otras palabras, la “transformación” de 2026 no es probablemente un designio cósmico, sino una simple acumulación de dinámicas humanas que presionan por cambios reales.
Además, otras voces dentro del mismo mundo de la astrología han planteado predicciones con matices distintos: por ejemplo, el reconocido astrólogo Pedro Engel también habla de un período de “reseteo”, pero lo enfoca más en lo individual y emocional que en una revolución del poder global, destacando la energía del Caballo de Fuego del horóscopo chino como un símbolo de transformación personal y sorpresa constante.
La contradicción entre una perspectiva esotérica y la realidad tangible ya genera divisiones entre quienes siguen a estas figuras en redes y quienes critican la tendencia a interpretar cada alineación planetaria como una llave para entender la geopolítica.
En Chile, además, el escepticismo ante este tipo de discursos ha ido creciendo, con debates online que cuestionan la relevancia y la credibilidad de pronósticos que parecen querer explicar lo inexplicable, a la vez que desvían la atención de problemas muy reales: desempleo, cambio climático, crisis migratorias y polarización política.
Así, mientras Ulloa augura la caída de estructuras antiguas y la llegada de nuevos liderazgos, la pregunta que queda en el aire es más prosaica y concreta: ¿2026 será un año de reset histórico, como una profecía astrológica lo sugiere, o estamos frente a la continuación de tensiones que ya estaban en curso y que no requieren más que análisis sociopolíticos para ser entendidas? La respuesta, por ahora, parece estar más en el terreno del debate público que en las cartas del cosmos.












