El futuro gobierno de José Antonio Kast sufrió este martes una ráfaga de críticas desde un espacio inesperado: la oposición creativa y virulenta de Jorge Baradit, escritor, exconvencional y rostro recurrente en debates culturales y políticos.
A través de su cuenta de X (antes Twitter), Baradit lanzó una advertencia punzante dirigida directamente al presidente electo, acusándolo de haber tratado de “copiar el modelo Camila Vallejo” —en alusión a la estabilidad comunicacional que entonces vocera del Ejecutivo mantuvo durante todo el gobierno anterior— y de ya estar cometiendo errores aun antes de asumir, tras el primer traspié comunicacional de su próxima vocera, Mara Sedini.
La chispa que encendió este torpedo verbal fue la polémica desatada por las declaraciones de Sedini sobre las conversaciones que, según ella, antecedieron la nominación de Trinidad Steinert como futura ministra de Seguridad. En una entrevista televisiva había sugerido que esos contactos con la exfiscal se venían dando “hace un buen tiempo”, lo que fue interpretado por la oposición como indicio de contactos previos al balotaje, algo que podría generar cuestionamientos éticos sobre el uso de información o ventajas políticas.
Baradit lanza munición política contra Kast
Ese relato generó reacciones mixtas, y luego la propia Sedini tuvo que rectificar su versión y aclarar que los diálogos con Steinert ocurrieron “pocos días antes” de la designación, alineando la información con la versión oficial del futuro ministro del Interior, Claudio Alvarado.
Fue exactamente ese desajuste comunicacional —aún corregido— lo que Baradit tomó para advertir con tono sarcástico a Kast: “Ojo, José Antonio. Quisiste copiar el modelo Camila Vallejo —ella no se equivocó en cuatro años. Mara Sedini aún no asume y ya se mandó este numerito”, escribió, apuntando a que un gobierno recién configurándose ya exhibe contradicciones internas y falta de manejo político. El comentario detonó decenas de respuestas en redes, desde quienes vieron una crítica legítima al manejo del gabinete entrante hasta otros que cuestionaron la pertinencia de Baradit como interlocutor en política activa.
Más allá de la ironía, este episodio arroja luz sobre una tensión creciente entre comunicación gubernamental y expectativa pública en Chile. Para muchos analistas, el desliz de Sedini no es un error menor: ocurre en un contexto en que la transparencia y la claridad en los procesos de nombramiento de altas autoridades es un tema delicado, especialmente cuando se enlaza con figuras que provienen del Ministerio Público, como Steinert, y con debates sobre independencia institucional.
Lo cierto es que la advertencia de Baradit —enfocada en la comparación con la gestión mediática de Camila Vallejo, marcada por una comunicación casi impecable durante cuatro años— no solo busca ridiculizar un traspié, sino poner en guardia al equipo de Kast sobre los riesgos de subestimar la política comunicacional en el ciclo previo a la asunción al poder. Con una oposición atenta y redes sociales listas para amplificar cada tropiezo, la escena política chilena entra en una fase donde incluso los gestos y las palabras previas al gobierno pueden convertirse en campo de batalla público.














