El Presidente Gabriel Boric no dejó pasar los cuestionamientos dirigidos por el exalcalde Daniel Jadue y respondió con dureza, abriendo una nueva grieta comunicacional en el sector progresista. Lo que partió como un cruce por la postura chilena frente al conflicto en Ucrania terminó con el mandatario invocando el historial judicial de Jadue, dejando al descubierto una tensión interna que va más allá de diferencias estratégicas y entra en el terreno de las descalificaciones personales.
La chispa se encendió cuando Jadue, desde su programa Sin Maquillaje, cuestionó la posición del gobierno de Boric sobre la guerra en Europa, acusando al presidente de “subordinarse a los intereses de Estados Unidos” y sugiriendo que Chile se había prestado a una política exterior que, a su juicio, traiciona principios de soberanía y no intervención. Para el exalcalde comunista, el mandatario “quiere hacer olvidar sus subordinaciones históricas”.
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La respuesta del Presidente no se hizo esperar. En una entrevista en Súbela Radio, Boric defendió con firmeza la postura de su gobierno, calificando la invasión a Ucrania como una violación al derecho internacional, y subrayó el carácter coherente de la política exterior chilena en distintos escenarios globales, desde el conflicto europeo a la crisis en Medio Oriente y la situación en Venezuela. Pero el punto más álgido fue su alusión indirecta a Jadue como “exalcalde procesado”, en referencia a las investigaciones que enfrenta el dirigente porteño, apelando a su historial legal como manera de descalificar la crítica.
Boric contra Jadue
Más allá de lo retórico, la escena tiene una lectura política profunda: la izquierda chilena muestra fracturas que van más allá de lo ideológico y entran en lo personal y judicial. El hecho de que Boric haya citado el trasfondo judicial de Jadue no solo le permite reforzar su mensaje de legitimidad política, sino que también coloca el foco sobre las consecuencias que tienen las acusaciones internas en el bloque progresista. Analistas consultados por medios señalan que esta disputa verbal podría ahondar las divisiones en un sector que ya enfrenta desafíos de cohesión política y electoral en el mediano plazo.
En el debate público, el choque Boric–Jadue ya se ha convertido en tema de conversación en redes sociales, donde partidarios de ambos sectores no han escatimado en críticas y memes. A algunos les preocupa que la pelea interna eclipse las prioridades nacionales en política exterior y economía, mientras otros celebran que el mandatario defienda con firmeza una postura internacional basada en el respeto a normas globales, incluso cuando proviene de sectores tradicionalmente críticos de Washington.
De cualquier forma, este episodio marca una nueva etapa de confrontación entre figuras clave de la izquierda chilena, y podría tener efectos duraderos tanto en la percepción pública del gobierno como en el futuro político de Jadue, cuya figura sigue siendo controversial no solo por sus ideas sino también por sus problemas judiciales. El debate ya no es solo sobre política exterior, sino sobre autoridad moral, coherencia estratégica y legitimidad dentro de un bloque político fragmentado.















