La escena del triple homicidio a Eduardo Cruz-Coke y sus dos hijos en La Reina volvió a tensionarse, pero esta vez no por un peritaje ni una audiencia. Fue una carta. Escrita a mano, enviada desde prisión preventiva y leída cuando el caso ya parecía atrapado entre versiones irreconciliables. El autor: Jorge Ugalde, único imputado por el crimen que remeció a Chile. El efecto: volver a instalar la duda.
El documento, que comenzó a circular en medio de la cobertura judicial, no es una simple defensa. Es un intento directo por desmontar el relato de la Fiscalía. En el texto, Ugalde niega los elementos más sensibles de la acusación, cuestiona pruebas clave —incluyendo registros audiovisuales— y apunta a lo que considera inconsistencias en la investigación. No es un matiz: es un contraataque.
También te puede interesar
Carta desde la cárcel reabre dudas
Pero hay un punto donde la carta golpea con más fuerza: el imputado descarta de plano teorías que han marcado el caso, como el supuesto envenenamiento de las víctimas o un móvil económico claro. En su versión, los hechos han sido mal interpretados y las conclusiones construidas sobre bases débiles. El problema es evidente: su relato choca frontalmente con la línea investigativa que lo mantiene tras las rejas.
El contexto no es menor. Ugalde —psicólogo y familiar directo de las víctimas— está en prisión preventiva desde noviembre de 2025, acusado de planificar y ejecutar el asesinato de su cuñado y sus dos sobrinos en un caso que desde el inicio estuvo marcado por giros abruptos y sospechas cruzadas.
Y ahí es donde la carta deja de ser solo un testimonio personal para convertirse en un elemento incómodo del proceso. Porque mientras la Fiscalía intenta cerrar un relato coherente, el principal acusado insiste en abrirlo. En un caso donde la brutalidad del crimen convive con una investigación cuestionada, cada palabra suma —o desordena—. Y esta vez, no vino desde un tribunal, sino desde una celda.













