El caso de Rodrigo Rojas Vade vuelve a sacudirse con fuerza. Lo que partió como un presunto secuestro hoy tambalea peligrosamente hacia una tesis mucho más incómoda: un posible autoatentado. Y esta vez no se trata de especulaciones políticas, sino de datos duros que comienzan a cerrar el círculo.
El nuevo flanco lo abrió el análisis del tráfico telefónico del exconstituyente. Los peritajes revelan que su celular registró más de 995 conexiones a antenas en los días previos al incidente, pero con un detalle que desarma el relato inicial: prácticamente no salió de su entorno en Pomaire. La geolocalización, lejos de mostrar desplazamientos sospechosos, lo sitúa en un radio acotado que incluye su casa y el sector donde apareció herido en la Ruta 78.
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Ese patrón no es menor. En la práctica, debilita seriamente la hipótesis de un secuestro, ya que no hay rastros de traslados a otros puntos ni señales de terceros involucrados en un recorrido más amplio. Por el contrario, los datos apuntan a una historia mucho más cerrada, donde el propio protagonista vuelve a quedar en el centro de las sospechas.
Caso Rojas Vade da vuelco
Pero el golpe más duro vino por otro lado: el levantamiento del secreto bancario. La Fiscalía ya tiene luz verde para revisar sus movimientos financieros, una jugada clave que busca determinar si hubo compras vinculadas al hecho, como las amarras con las que fue encontrado. Y aquí aparece otro elemento inquietante: coincidencias entre estos elementos y otros hallados en su propio domicilio, lo que terminó de tensionar la investigación.
El cuadro se completa con un dato que retrata su contexto personal. Tras su condena por estafa en 2023, Rojas Vade vivía un evidente aislamiento, con escasas llamadas —apenas una docena— concentradas en su círculo familiar. Sin redes, sin mayor actividad y con una vida cada vez más replegada, el relato del “ataque externo” pierde fuerza frente a una realidad que la investigación comienza a desnudar sin contemplaciones.
Hoy, el caso ya no es el mismo. Lo que antes apuntaba a un hecho de violencia con posibles ribetes políticos, ahora se reconfigura como una trama mucho más incómoda y personal. Y mientras la Fiscalía sigue sumando piezas —peritajes, análisis financieros y una eventual nueva declaración—, la pregunta ya no es qué le hicieron a Rojas Vade, sino qué ocurrió realmente esa noche.















