El episodio ocurrió cuando periodistas le consultaron directamente por el oficio enviado por la Contraloría, que exige explicaciones formales tras la cuestionada publicación del Ejecutivo. Lejos de enfrentar las preguntas, Sedini evitó profundizar y se limitó a señalar que “para eso están los plazos”, retirándose del lugar sin dar mayores declaraciones. Una escena que no pasó desapercibida y que rápidamente se viralizó.
Vocera Mara Sedini evade a la prensa
El contexto es complejo. La controversia se originó luego de que canales oficiales difundieran una gráfica asegurando que Chile estaba “en quiebra”, lo que generó críticas transversales y obligó incluso al ministro de Hacienda a desmarcarse públicamente del concepto. La propia Contraloría intervino, solicitando antecedentes sobre el uso de recursos y la veracidad del mensaje difundido por el Gobierno.
Pero más allá del contenido, el problema hoy es comunicacional. Analistas ya advierten que el manejo del mensaje ha dejado en evidencia descoordinación interna y falta de control político en la narrativa oficial. La vocería —que debería ordenar— aparece reaccionando tarde o, como en este caso, simplemente evitando el conflicto.
Y ahí está el punto incómodo. Porque en política, el silencio también comunica. Y cuando una ministra encargada de explicar al Gobierno opta por no hacerlo, lo que queda no es prudencia… es vacío. Uno que, en medio de una crisis, suele llenarse rápido. Y no precisamente con la versión oficial.