Lo que comenzó como un rumor incómodo al inicio del año escolar terminó destapando una práctica que golpea de lleno la confianza en las aulas. Un grupo de profesores del Colegio Japón de La Serena quedó en el centro de la polémica tras revelarse la existencia de un chat de WhatsApp donde compartían fotos y comentarios de connotación sexual sobre colegas y apoderadas, sin consentimiento alguno.
El detalle no es menor ni aislado. Según antecedentes conocidos, el grupo operaba desde 2025 y funcionaba como una especie de “foro paralelo” donde los docentes intercambiaban imágenes de mujeres —muchas de ellas vinculadas directamente a la comunidad escolar— acompañadas de comentarios explícitos. La situación fue descubierta por integrantes del propio establecimiento, quienes accedieron a los contenidos y decidieron denunciar.
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Escándalo en La Serena
El impacto fue inmediato, aunque silencioso al principio. Tres de los involucrados quedaron fuera del colegio tras no renovarse sus contratos, mientras un cuarto docente fue suspendido. Pero el problema ya había escalado más allá de una decisión administrativa: el caso fue derivado al Ministerio Público y es conocido por la Policía de Investigaciones, abriendo un flanco penal que podría redefinir completamente las consecuencias para los implicados.
Lo más inquietante no es solo el contenido, sino el contexto. No se trata de desconocidos en redes sociales, sino de profesores —figuras de autoridad— operando en un espacio educativo, utilizando la confianza institucional como telón de fondo para una conducta que bordea lo delictual. Varias afectadas, de hecho, recién se enteraron de que sus imágenes circulaban cuando el escándalo ya había estallado, evidenciando un nivel de vulneración que trasciende lo digital.
Este episodio vuelve a instalar una pregunta incómoda: ¿qué ocurre dentro de las comunidades educativas cuando se apagan las cámaras formales? Porque aquí no solo fallaron personas, falló un entorno que permitió que esto se normalizara durante meses. Y cuando eso pasa, el problema deja de ser un chat: pasa a ser cultural.















