La separación mediática de Álvaro Ballero y Ludmila Ksenofontova, tras 17 años de matrimonio, abierta y seguida por cientos de miles de personas, ha entrado en un nuevo capítulo luego de que el exchico reality fuera captado acompañado de una supuesta nueva pareja —incluso “a los besos” según informes de medios de espectáculo— y la patinadora rusa respondiera de forma no verbal en sus redes sociales.
La escena tuvo lugar en medio de la celebración del cumpleaños número 46 de Ksenofontova, cuando ella publicó un video con la canción “Bonita bonita” y, más revelador aún, comenzó a darle “me gusta” a comentarios de seguidores que aludían a su proceso de separación como un acto de fortaleza y liberación.
Entre esos comentarios figuraban frases como “despojarse de situaciones o personas que comen tu energía y vida” y elogios a su resiliencia, lo que prendió las alarmas en farándula sobre si esos “likes” eran una respuesta indirecta a las imágenes de Ballero con otra mujer.
Ludmila Ksenofontova pone la pausa en redes
Más allá de un simple gesto digital, este tipo de interacción en redes sociales —el equivalente moderno de un “mensaje cifrado” público— refleja cómo Ksenofontova está gestionando el escrutinio tras su separación sin caer en confrontaciones explícitas, pero sí enviando señales claras de que rechaza narrativas que la presenten como la parte “abandonada” o dolida del proceso.
La elección de contenido y las reacciones elegidas para destacar —especialmente frente a un contexto donde Ballero ha recibido críticas por rehacer su vida sentimental tan pronto tras el quiebre— hablan de una estrategia cuidadosa: invertir la narrativa sin entrar en el intercambio directo de acusaciones públicas.
Mientras tanto, Ballero ha enfrentado la polémica con su propio discurso: además de las publicaciones con su nueva compañía y las críticas de cibernautas por “pasar la página muy pronto”, él mismo ha defendido su actuar afirmando que su ex “rehizo su vida en pareja hace mucho tiempo”, y que saberlo fue lo que le permitió a él también abrirse a una nueva oportunidad afectiva.
Esto, lejos de calmar los ánimos, ha alimentado una narrativa voraz en redes donde seguidores, detractores y panelistas convergen en un debate sobre quién “merece” rehacer su vida primero y con qué derecho se juzgan estas decisiones personales.
Ese choque —entre la sobriedad calculada de Ksenofontova y la exposición pública de los movimientos de Ballero— no es menor: expone un fenómeno cada vez más frecuente en la farándula chilena, donde las ex parejas hacen de sus redes sociales un campo de batalla simbólico, y cada “like”, cada publicación en una fecha señalada y cada silencio estratégico pueden ser interpretados como parte de un guion no declarado pero intensamente leído por el público.















