El femicidio de Camila Ugalde volvió a estremecer a San Vicente de Tagua Tagua, pero esta vez no por un nuevo episodio de violencia, sino por la crudeza de una prueba que terminó por hundir al responsable: un audio tan brutal como revelador. La grabación, expuesta en juicio, dejó al descubierto el nivel de control, amenaza y violencia psicológica que el jinete ejercía sobre la víctima, transformándose en la pieza que terminó de convencer al tribunal de su culpabilidad.
Según se ventiló en la audiencia, el registro sonoro contenía diálogos donde el condenado evidenciaba conductas obsesivas, celotípicas y derechamente intimidatorias. No era solo una discusión de pareja: el tono, las frases y la carga de agresividad mostraban un patrón sistemático de hostigamiento. Para los jueces, el material permitió reconstruir el clima de terror en que vivía Camila, desmoronando cualquier intento de la defensa por instalar dudas.
Revelan audio clave que selló la condena
El Ministerio Público apuntó precisamente a ese contexto de violencia previa para sostener la acusación de femicidio. El audio no operó de manera aislada, sino que reforzó testimonios, peritajes y antecedentes de maltrato. La imagen del jinete —ligada al mundo huaso y a la vida de campo— contrastó con el retrato que emergió en tribunales: el de un agresor que había escalado peligrosamente en sus conductas.
La sentencia, que terminó por condenarlo a una extensa pena de presidio efectivo, fue leída como un mensaje categórico. No solo por el castigo, sino porque dejó en evidencia cómo la violencia de género puede quedar registrada en elementos cotidianos —como un mensaje de voz— que luego se transforman en pruebas demoledoras.
El caso de Camila Ugalde no solo cerró un proceso judicial. También reabrió la discusión sobre las señales de alerta que muchas veces se normalizan hasta que es demasiado tarde. Esta vez, un audio rompió el silencio. Y bastó para que la justicia terminara de escribir un fallo que, aunque tardío, resultó inapelable.















