La diputada y psiquiatra María Luisa Cordero encendió otra vez la discusión pública al referirse con crudeza y sin filtros al accidente que costó la vida al expresidente Sebastián Piñera en febrero de 2024, un accidente que todavía conmueve al país y genera debates sobre responsabilidad, memoria y duelo colectivo.
En una declaración que muchos consideran insensible e imprudente, la parlamentaria afirmó que “yo me hubiera muerto con él” si hubiera estado en lugar de uno de los tripulantes que logró sobrevivir al siniestro en el Lago Ranco.
El accidente, ya documentado oficialmente por la DGAC, ocurrió cuando Piñera pilotaba un helicóptero de modelo Robinson R44 sobre el lago, perdiendo la vida tras sumergirse la nave en el agua, mientras los demás pasajeros —su hermana, Magdalena Piñera, el empresario Ignacio Guerrero y el hijo de este— salieron ilesos del impacto.
En su descargo, emitido a través de su espacio mediático, Cordero intentó justificar sus pensamientos apelando a una reflexión psicológica sobre proyecciones y anticipaciones personales, alegando que quienes actúan desde obsesiones “se proyectan y a veces meten la pata por anticipados”.
“Yo me hubiera muerto con él”
Pero fue su comentario sobre los “compañeros de viaje muy chilenos: egoístas y poco solidarios” y la confesión de que ella habría preferido morir antes que ver a un acompañante sobrevivir lo que detonó reacciones encontradas en redes y entre figuras políticas.
La crítica no se hizo esperar: para muchos, las palabras de Cordero rompen con la solemnidad que se espera tras una tragedia nacional, particularmente cuando todavía hay familias enfrentando el duelo. La insistencia en una declaración tan personal y extrema —“yo me hubiera muerto con él”— fue interpretada como un sinsabor egocéntrico en el relato del accidente y como una falta de empatía hacia los sobrevivientes y sus propios procesos de recuperación y confrontación con la muerte.
Más allá de la anécdota, el episodio pone nuevamente en el tapete cómo se discute la figura de un exmandatario que murió en circunstancias que ya han sido objeto de análisis oficiales y mediáticos. El informe final de la investigación técnica destacó que las condiciones meteorológicas y la visibilidad reducida fueron factores determinantes en el accidente, cerrando un capítulo de la investigación formal.
Aun así, la manera en que figuras públicas abordan, interpretan y comentan el episodio revela la profundidad de la polarización en torno al legado de Piñera, enfrentando adhesiones, críticas y posturas encontradas que no entienden de consensos sino de discursos que tensionan el foco entre técnica, emoción y juicio social. Las palabras de Cordero, en ese contexto, no solo son una opinión más: son parte de cómo Chile sigue narrando —y disputando— uno de sus capítulos más dolorosos de los últimos años.















