El centenario de Colo Colo —que debía ser una fiesta institucional— vuelve a ensombrecerse, esta vez lejos de la cancha y dentro de sus propias oficinas. Un grupo de trabajadores del club albo alzó la voz para denunciar lo que califican derechamente como una medida discriminatoria adoptada por la administración, encendiendo un nuevo foco de tensión en el ya convulsionado ambiente interno de la concesionaria que dirige los destinos del “Cacique”.
Según los antecedentes que comenzaron a circular, el conflicto estalló luego de la implementación de una disposición que afectaría directamente a funcionarios en funciones operativas. La decisión —cuestionada por los trabajadores— habría generado molestia transversal, no solo por su contenido, sino también por la forma en que fue comunicada: sin diálogo previo y bajo criterios que, acusan, no se aplican de manera equitativa dentro de la institución.
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Crisis en Colo Colo
El malestar escaló rápidamente. Puertas adentro, describen un clima laboral tenso, marcado por la desconfianza y la sensación de arbitrariedad. De hecho, algunos funcionarios ya habrían recurrido a instancias formales para canalizar el reclamo, acusando vulneración de derechos y solicitando que la medida sea revisada o derechamente revertida. La polémica, así, dejó de ser administrativa para transformarse en un problema político-laboral que golpea la imagen del club.
En Blanco y Negro, la concesionaria que administra a Colo Colo, optaron por la cautela. Si bien reconocen la existencia de inquietudes internas, sostienen que las decisiones responden a procesos de ordenamiento institucional y niegan cualquier sesgo discriminatorio. Sin embargo, la explicación no logró descomprimir el ambiente: al contrario, reforzó la percepción de distancia entre la plana ejecutiva y los trabajadores de base.
El episodio vuelve a instalar preguntas incómodas sobre la conducción del club más popular del país. Porque mientras en la tribuna se exige competitividad y títulos, en los pasillos del Monumental se libra otra batalla: la de la gestión, el trato laboral y la coherencia institucional. Y cuando el conflicto ya no es deportivo sino humano, el golpe reputacional suele ser mucho más difícil de remontar.















