Lejos de retroceder, Marité Matus decidió pisar el acelerador. En medio de la querella por injurias presentada por Trini Neira junto a Camilo Huerta, la empresaria rompió el silencio con un tono que no busca bajar la tensión, sino todo lo contrario: instalar su propia versión como la definitiva.
El conflicto, que ya venía escalando hace semanas, se originó tras la difusión de supuestos mensajes entre Huerta y Neira, en un período en que él aún estaba casado con Matus. Esa acusación fue negada categóricamente por ambos, lo que terminó derivando en una acción judicial por “injurias graves con publicidad”, apuntando directamente contra Matus y también contra Gissella Gallardo.
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Pero la respuesta de Matus no fue defensiva. Al contrario: aseguró que la querella podría jugarle a favor. Según planteó, este escenario le permitiría exponer pruebas que —dice— respaldan su versión. “Es la instancia para demostrar que no estoy mintiendo”, deslizó, dejando claro que no solo sostiene sus dichos, sino que está dispuesta a llevarlos hasta las últimas consecuencias.
El gesto más provocador, sin embargo, vino desde sus redes sociales. Allí publicó una imagen intervenida donde aparece tras las rejas, acompañada de una frase que resume su postura frente al conflicto: “todos me imaginan presa… pero VIP”. Una señal que no solo ironiza sobre la querella, sino que también evidencia que no hay intención de bajar el perfil, sino de tensionar aún más el escenario.
El problema es que la historia ya dejó de ser un simple cruce mediático. Hoy está judicializada, con posiciones irreconciliables y un factor que complica todo: la promesa de pruebas que aún no se conocen. Porque si Matus cumple lo que sugiere, el caso podría dar un giro. Pero si no, el costo podría ser igual de alto.
En esa línea, la farándula vuelve a entrar en terreno resbaladizo: donde los rumores se transforman en causas legales y las declaraciones públicas pasan a tener consecuencias reales. Y ahí ya no basta con tener la razón en redes. Hay que probarla.
















