Una palabra técnica, poco conocida por la mayoría de los chilenos, terminó instalándose en el centro de una de las discusiones económicas más relevantes del último tiempo. Se trata del anatocismo, mecanismo mediante el cual los intereses impagos pasan a formar parte del capital de una deuda, generando nuevos intereses sobre ese monto.
La figura quedó bajo la lupa luego de que la denominada megarreforma financiera propusiera cambios que podrían modificar la forma en que operan los créditos en el país.
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Quienes respaldan la iniciativa sostienen que limitar o restringir el anatocismo permitiría frenar el crecimiento acelerado de muchas deudas, especialmente cuando una persona enfrenta dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras.
Según esta visión, el sistema actual puede provocar que un crédito aumente de manera considerable con el paso del tiempo, dificultando aún más que los deudores logren ponerse al día.
Sin embargo, desde la industria financiera advierten que la discusión no es tan simple. Diversos actores del sector sostienen que modificar las reglas del anatocismo podría tener efectos indirectos sobre el mercado del crédito, elevando el riesgo para las instituciones y encareciendo el acceso al financiamiento para personas y empresas.
Anatocismo en la mira
En otras palabras, si los bancos reducen las herramientas disponibles para recuperar préstamos impagos, podrían endurecer las condiciones para otorgar nuevos créditos o elevar sus costos.
El debate ya comenzó a instalar posiciones enfrentadas entre organizaciones de consumidores, economistas y representantes del sistema financiero.
Mientras unos consideran que la reforma representa un avance en la protección de quienes enfrentan sobreendeudamiento, otros advierten que una regulación excesiva podría terminar restringiendo el acceso al crédito formal, afectando precisamente a los sectores con mayor necesidad de financiamiento.
La discusión recién comienza, pero deja en evidencia una realidad que impacta directamente el bolsillo de miles de familias chilenas. Más allá del concepto jurídico de anatocismo, el verdadero fondo del debate apunta a definir hasta dónde debe llegar el equilibrio entre proteger a los consumidores y garantizar un sistema financiero que siga funcionando con estabilidad.
La decisión que adopte el Congreso podría marcar un antes y un después en la forma en que se calculan las deudas en Chile y en el costo que finalmente terminan pagando quienes recurren al crédito.





