Don Francisco despeja las dudas y revela por qué nunca ha querido ponerse una camiseta política
Durante décadas, Mario Kreutzberger, más conocido como Don Francisco, ha sido una de las figuras más influyentes de la televisión chilena. Sin embargo, junto con su trayectoria también creció una interrogante que nunca terminó de disiparse: ¿tiene una tendencia política definida?
El histórico animador decidió abordar el tema sin rodeos y dejó en claro cuál ha sido su postura frente a un debate que lo ha acompañado prácticamente toda su carrera.
En una reciente conversación, el comunicador explicó que, pese a haber entrevistado a presidentes, candidatos y líderes de distintos sectores durante años, siempre procuró mantener distancia de cualquier militancia o identificación partidaria.
Según planteó, su trabajo como entrevistador y conductor exigía preservar independencia para poder dialogar con todos por igual, evitando transformarse en protagonista de las discusiones políticas que marcaban la agenda nacional.
Don Francisco despeja las dudas
La aclaración llega en un momento donde las redes sociales suelen exigir definiciones inmediatas a las figuras públicas. Para Don Francisco, esa presión no cambia el fondo del asunto: asegura que sus convicciones personales pertenecen al ámbito privado y que jamás ha considerado correcto utilizar la enorme plataforma que construyó en televisión para favorecer a un sector político determinado.
Una postura que, aunque ha generado críticas desde distintos frentes, también explica por qué durante décadas logró entrevistar a autoridades de gobiernos de todos los colores.
Más allá de confirmar que posee opiniones personales como cualquier ciudadano, el fundador de la Teletón insistió en que nunca ha querido transformarse en un actor político. Su prioridad, sostuvo, ha sido promover el diálogo y abrir espacios de conversación, incluso entre personas con profundas diferencias.
En tiempos donde la polarización parece imponerse sobre el intercambio de ideas, la definición del animador vuelve a instalar una discusión de fondo: hasta qué punto las figuras públicas deben transparentar sus preferencias políticas y cuándo el silencio puede ser también una forma de resguardar la credibilidad construida durante toda una vida frente a las cámaras.
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