Una seguidilla de terremotos de gran magnitud ha vuelto a instalar una pregunta que cada vez que la Tierra se sacude comienza a circular con fuerza: ¿está temblando más que antes? La respuesta científica es bastante menos espectacular que las teorías que aparecen en redes sociales. Los terremotos sobre magnitud 7 ocurren regularmente y las variaciones temporales en su frecuencia forman parte del comportamiento normal de la actividad sísmica mundial. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estima que, en promedio histórico, se esperan alrededor de 16 grandes terremotos de magnitud 7 o superior cada año.
Durante los últimos meses se han registrado eventos importantes en distintos lugares, entre ellos Filipinas, Venezuela, México, Colombia y Perú. El USGS registra, además, un terremoto de magnitud 7,4 ocurrido en Colombia el 10 de agosto y otro de magnitud 7,7 en Indonesia el 14 de agosto. Es una sucesión que visualmente impresiona, pero que por sí sola no demuestra que el planeta esté atravesando una etapa excepcional de actividad sísmica.
El geofísico y académico Cristián Farías fue categórico al analizar esta percepción: “No, si tú comparas con los años anteriores, no estamos teniendo más sismos de magnitud siete o mayor en el mundo”. A su juicio, parte de la sensación de que existe una ola sísmica mundial se explica porque varios eventos recientes ocurrieron en lugares conocidos y produjeron daños, aumentando la atención pública.
El “Cinturón de Fuego” no es una explicación mágica
Uno de los conceptos que reaparece cada vez que coinciden terremotos en la cuenca del Pacífico es el famoso Cinturón de Fuego. La idea de que este supuesto sistema se “activó” y que los terremotos de distintos países están conectados puede sonar convincente, pero la explicación geológica es bastante más compleja.
Farías advierte precisamente contra esa interpretación. “El error es que cuando tú hablas de Cinturón de Fuego del Pacífico, te quedas con la idea de que todo es un gran sistema”, explicó. En realidad, existen múltiples límites de placas y zonas tectónicas con dinámicas propias. Un terremoto ocurrido en Perú, Colombia, Indonesia o Chile no implica automáticamente que otro país vaya a experimentar un terremoto como consecuencia.
El propio Centro Sismológico Nacional explica que Chile está ubicado sobre un límite convergente entre las placas de Nazca y Sudamérica, donde la primera se introduce bajo la segunda a una velocidad aproximada de 8 a 9 centímetros por año. Esa interacción acumula energía y es la razón de fondo por la que Chile mantiene una amenaza sísmica permanente.
¿Entonces Chile está en riesgo?
Sí. Pero una cosa es reconocer que Chile es altamente sísmico y otra muy distinta es afirmar que un terremoto ocurrido recientemente en otro país significa que el siguiente necesariamente ocurrirá aquí.
Chile puede tener un gran terremoto en cualquier momento, debido a sus características tectónicas. El Centro Sismológico Nacional ha identificado zonas donde existe una mayor probabilidad de ocurrencia de grandes eventos en determinados horizontes de tiempo, conocidas como brechas o lagunas sísmicas. Sin embargo, eso no permite establecer una fecha concreta. El organismo recalca que los terremotos no pueden predecirse, aunque sí pueden estudiarse y estimarse escenarios de amenaza.
De hecho, el CSN ha sido explícito al señalar que la identificación de zonas con mayor probabilidad no equivale a una predicción. Incluso un terremoto de magnitud 7,5, capaz de provocar daños severos, puede ocurrir prácticamente en cualquier momento y en distintos puntos del territorio nacional. Por eso, transformar una seguidilla de terremotos internacionales en una supuesta cuenta regresiva para Chile no tiene respaldo científico.
La gran pregunta sigue sin respuesta: ¿cuándo ocurrirá el próximo terremoto?
Aquí está el límite que la ciencia todavía no consigue superar. No existe actualmente una metodología que permita indicar con precisión cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá un terremoto.
“Aún no es posible predecir un terremoto”, explicó Farías, quien remarcó que una verdadera predicción tendría que establecer esos tres elementos con anticipación. El Centro Sismológico Nacional coincide: no existe una metodología eficaz para determinar la fecha de un terremoto, aunque sí es posible estudiar la amenaza, analizar las fuentes sismogénicas y elaborar escenarios probabilísticos.
Y aquí aparece la conclusión menos atractiva, pero más importante: esperar una señal desde Perú, Colombia, Indonesia o cualquier otro punto del planeta no sirve para saber cuándo llegará el próximo gran terremoto a Chile. La preparación no puede depender de una predicción que la ciencia todavía no puede entregar.
El propio CSN sostiene que la mejor herramienta sigue siendo la preparación. Contar con un kit de emergencia, conocer las zonas seguras y mantenerse informado por los canales oficiales resulta mucho más útil que intentar descifrar supuestos patrones en redes sociales.





