La seguidilla de terremotos registrados durante los últimos meses en distintos puntos de Sudamérica instaló una pregunta inevitable en Chile: ¿la actividad sísmica se está desplazando hacia nuestro país? El geógrafo Marcelo Lagos salió al paso de esa preocupación y fue categórico: no existe evidencia que permita afirmar que los movimientos registrados en Venezuela, Colombia y Perú estén anunciando un gran terremoto en territorio chileno.
Lagos explicó que los eventos recientes responden a mecanismos tectónicos diferentes, con placas, profundidades y zonas de ruptura que no permiten establecer una conexión directa entre ellos. “No existe una interconexión entre los eventos en los últimos meses en Sudamérica”, sostuvo el especialista, agregando que algunos de estos terremotos ocurrieron a miles de kilómetros de distancia.
El experto sí reconoció que un terremoto puede transmitir esfuerzos hacia segmentos cercanos a su zona de ruptura. De hecho, recordó el caso de Venezuela, donde un movimiento fue seguido apenas 39 segundos después por otro evento en un segmento próximo. Pero esa situación, explicó, no puede extrapolarse automáticamente a Chile debido a la enorme distancia que separa a los recientes terremotos sudamericanos de las principales zonas de interés sísmico nacional.
Y aquí aparece la parte que vuelve a poner a Chile frente al espejo. Que los terremotos de otros países no estén “viniendo hacia Chile” no significa que el riesgo haya desaparecido. Lagos insistió en que la amenaza sísmica es permanente, especialmente en sectores costeros que llevan largos períodos sin experimentar grandes rupturas.
En conversación con Cooperativa, el académico llamó a considerar que “en cualquier minuto puede ocurrir un evento sobre 7,5 a lo largo del territorio chileno”. No se trata de una predicción de fecha ni de un anuncio de que un terremoto ocurrirá próximamente, sino de una advertencia basada en la condición sísmica del país y en la energía acumulada en determinados segmentos.
Marcelo Lagos enfría el temor por un terremoto
Entre las zonas que Lagos identifica como áreas que requieren especial atención aparecen Pisagua hacia el norte, el tramo entre Iquique y Tocopilla, la costa de Atacama, el segmento entre Los Vilos y Pichilemu y la zona central, donde se concentra una parte significativa de la población chilena. La costa de Atacama, en particular, arrastra un prolongado silencio desde el terremoto de 1922.
La advertencia no es nueva. Lagos ya había señalado anteriormente que sectores como Iquique-Mejillones y la costa de Atacama presentan condiciones que son observadas por la comunidad científica debido al acoplamiento y al tiempo transcurrido desde grandes terremotos. “No se pueden predecir los terremotos”, ha recalcado el especialista, aunque sí es posible identificar zonas donde existe mayor acumulación de energía.
Por eso, el mensaje del geógrafo apunta más a la preparación que al pánico. Chile no necesita esperar una cadena de terremotos en Perú, Colombia o Venezuela para recordar que vive sobre una de las zonas tectónicamente más activas del planeta. La pregunta no es cuándo llegará el próximo gran terremoto —algo que la ciencia actualmente no puede predecir—, sino qué tan preparado estará el país cuando finalmente ocurra.
Y Lagos fue todavía más directo al cerrar su análisis: “No hay que caer en la ilusión de invulnerabilidad”. Una frase que, en un país acostumbrado a los terremotos, debería pesar bastante más que cualquier rumor sobre un supuesto “terremoto que viene bajando” desde el norte de Sudamérica.





