Las repercusiones por el duro intercambio entre la diputada Camila Flores y la senadora Fabiola Campillai siguen sumando capítulos. Esta vez, quienes alzaron la voz fueron las trabajadoras de las ferias libres, luego de que el concepto «señora de feria» fuera utilizado en medio de la polémica política, generando un amplio rechazo entre quienes consideran que el oficio fue empleado de manera despectiva.
La respuesta llegó desde representantes del mundo feriante, quienes difundieron un video manifestando su molestia por la utilización del término como una forma de descalificación.
«Nunca más usadas como insulto«, señalaron en el registro, donde reivindicaron el trabajo que miles de personas realizan diariamente en ferias libres a lo largo del país. Además, recalcaron que detrás de cada puesto existe una historia de esfuerzo, sacrificio y emprendimiento familiar.
Las dirigentas también defendieron el valor social que cumplen las ferias en Chile, destacando que son un espacio fundamental para el abastecimiento de alimentos frescos y una fuente de ingresos para miles de familias.
Feriantes responden con fuerza a Camila Flores
«Ser feriante es un orgullo«, expresaron, insistiendo en que ninguna actividad laboral debería transformarse en un recurso para desacreditar a otra persona en una discusión política. El mensaje encontró amplio respaldo en redes sociales, donde numerosos usuarios respaldaron el emplazamiento y cuestionaron el tono que ha adquirido el debate público.
La controversia se originó tras el cruce entre Camila Flores y Fabiola Campillai, episodio que ya había provocado críticas desde distintos sectores, incluida la periodista Mónica Rincón, quien calificó el nivel del intercambio como «una vergüenza».
Ahora, la reacción del mundo feriante amplía el alcance de la polémica y vuelve a instalar una discusión sobre el respeto hacia los distintos oficios y la responsabilidad de las figuras públicas al momento de utilizar determinadas expresiones. Mientras el debate continúa creciendo, las trabajadoras de las ferias dejaron un mensaje que rápidamente trascendió la contingencia política: ningún trabajo merece convertirse en sinónimo de descalificación.





