El Gobierno de José Antonio Kast vuelve a enfrentar movimientos en sus equipos regionales. En las últimas 48 horas se conocieron las renuncias de dos secretarios regionales ministeriales: Rodrigo Aguilera Silva, seremi de Economía de Aysén, y Ronald Ruf, quien encabezaba la Seremi de Hacienda del Biobío. Con estas salidas, el número de seremis que han dejado sus cargos desde el 11 de marzo llegó a 44, según reportes de prensa publicados este martes.
En el caso de Aguilera, la institución informó que su salida responde a “motivos estrictamente personales”. La renuncia se hará efectiva a partir del 1 de noviembre, por lo que la administración deberá organizar la transición en una región donde la actividad económica y los desafíos productivos exigen continuidad en la conducción pública.
La situación de Ronald Ruf fue explicada por el vocero de Gobierno, Daniel Pacheco, quien sostuvo que la decisión responde a una determinación personal vinculada a proyectos particulares y que no obedece a una evaluación negativa de su desempeño. “Como Gobierno, respetamos esta determinación y agradecemos su compromiso durante el ejercicio de sus funciones”, señaló, de acuerdo con lo informado por medios nacionales.
Gobierno de Kast suma nuevas bajas
El propio Ruf también entregó su versión al diario El Sur. Según consignó la prensa, afirmó que su decisión buscaba “retomar el proyecto de vida personal que había definido antes de asumir esta responsabilidad pública”. Además, destacó el trabajo realizado durante los seis meses que permaneció en el cargo y aseguró que asumió sus funciones con la intención de poner su experiencia al servicio del Gobierno y de la Región del Biobío.
Aunque ambas renuncias fueron atribuidas a razones personales, la acumulación de salidas se ha convertido en un dato difícil de ignorar. Desde el inicio de la administración, los cambios han alcanzado no solo a las seremías, sino también a autoridades de mayor rango. El recuento publicado por medios nacionales sitúa en tres los ministros, seis los subsecretarios y un delegado presidencial provincial que también han dejado sus funciones.
La cifra, por sí sola, no demuestra que exista una crisis interna ni permite atribuir todas las salidas a problemas de gestión. Sin embargo, sí abre una interrogante política sobre la capacidad del Ejecutivo para mantener equipos estables en las regiones, donde las decisiones ministeriales deben traducirse en respuestas concretas para la ciudadanía.
Por ahora, el Gobierno ha insistido en que las dos renuncias recientes obedecen a decisiones personales. El desafío será asegurar que los cambios no provoquen retrasos ni vacíos en áreas sensibles como el desarrollo económico regional y la coordinación fiscal. Porque, más allá de las explicaciones oficiales, cada salida obliga al Ejecutivo a demostrar que puede sostener su gestión sin interrupciones.





